La carrera de largo aliento de Benicio del Toro

1 julio 2018

Hace poco, Benicio del Toro se dio cuenta de que es un velocista.

Siempre se ha identificado con los atletas por sus rigurosos entrenamientos, el compromiso físico total que tienen o el despiadado forcejeo entre la habilidad y la suerte. Como actor en películas como Los sospechosos de siempre, Tráfico y, en una reciente incursión galáctica, La guerra de las galaxias: Los últimos jedi y un par de películas de los Vengadores, ha sido un intérprete sorprendentemente frugal, pues siempre ofrece un gran número de momentos memorables en pantalla aunque su tiempo en esta sea poco.

Pero no fue sino hasta una prueba de resistencia reciente que Del Toro entendió en qué tipo de atleta lo convierte su estilo. Estaba filmando Escape at Dannemora, una miniserie de ocho episodios y su primer papel en televisión en más de dos décadas. La grabación se extendió casi siete meses.

“Fue un maratón”, recordó después de haber terminado, en una entrevista en la torre de Sony en Manhattan a finales de mayo. “Tuve que aprender a tomarme un descanso y respirar; si no, iba a estallar”.

Esa lección podría resultarle útil. La miniserie de Showtime y Sicario: Día del soldado, una secuela inesperada de la película de 2015 y que se estrena el 29 de junio, inauguran una nueva era de longevidad para los personajes en pantalla de Del Toro, lo cual sugiere que su extensa carrera podría tomar un nuevo impulso.

También marcan un logro más sustancioso: Del Toro, quien nació en Puerto Rico, ahora es uno de los pocos latinos en protagonizar una franquicia fílmica de Hollywood, en la que los actores hispanos aún deben conformarse con papeles secundarios, si es que se los ofrecen.

A los 51 años, es alto y robusto, con cabello negro azabache y despeinado, mejillas hundidas y párpados que siempre están entrecerrados, como si resguardaran una llama suelta. Tiene un aire de sensibilidad callada y una voz ligeramente nasal que insinúa una versión real de los antihéroes y canallas que ha encarnado frente a las cámaras.

Desde su actuación revelación en Los sospechosos de siempre (The Usual Suspects) (1995), como un personaje secundario llamado Fenster a quien convirtió en un hombre misterioso indeleblemente balbuciente, Del Toro se ha hecho de una carrera mediante un conjunto de filmes sórdidos, entre ellos Cerdos y diamantes (Snatch), 21 gramos y La ciudad del pecado (Sin City). En todas sus interpretaciones su desempeño ha dejado una luz que aún deslumbra tiempo después de que haya pronunciado su último diálogo.

Un Oscar como mejor actor de reparto por Tráfico (2000) no lo convirtió en un actor de renombre de la noche a la mañana. Más bien obtuvo un estatus de protagonista de manera silenciosa, en películas como la que encabezó junto a Halle Berry, Cosas que perdimos en el fuego (2007), y la película biográfica en dos partes sobre el Che (2008), un proyecto que también produjo.

Aunque aún es probable que las audiencias reconozcan a Del Toro como una guarnición fascinante y no como el platillo principal, podemos decir que su personaje en las películas de Sicario es un punto medio: es el protagonista titular del filme, pero también un personaje mítico y temido, aunque casi no aparezca en pantalla.

“Representa la ira en contra de la violencia de la guerra del narcotráfico… la maldad que se origina de ella”, dijo Del Toro acerca de su personaje, un mercenario incansablemente vengativo conocido como Alejandro. “Es víctima de los cárteles de la droga, por lo que es completamente insensible, como un cubo de hielo”.

Día del soldado cuenta la historia de Alejandro y el personaje de Josh Brolin, un sabueso pretencioso del gobierno que tiene la misión de incitar una guerra entre cárteles rivales de la droga en México. Del Toro y Brolin impulsan la película y tuvieron la oportunidad, junto con el director Stefano Sollima, de tomarse libertades con el guion de Taylor Sheridan.

El actor gusta de incluir detalles de su vida personal en los personajes que encarna, como lo hizo con el tartamudeo de DJ en “Los últimos jedi”.CreditJody Rogac para The New York Times

Hubo escenas que se extendieron y otras se descartaron; las subtramas y las transiciones se crearon en el momento y Del Toro se ocupó de otorgarle a su personaje detalles vívidos y creativos, como lo ha hecho a lo largo de su carrera.

“Benny llegaba al plató después de quedarse despierto toda la noche escribiendo cinco escenas que se le habían ocurrido, además de muchas ideas: ‘¿Y si intentamos esto? ¿Y si hacemos otra cosa?’”, recordó Brolin, quien también apareció brevemente junto a Del Toro en Avengers: Infinity War. “Cuando está trabajando, de verdad se sumerge en el papel que interpreta”.

Las sugerencias de Del Toro no fueron solo para su personaje: se extendieron a las tramas narrativas de otros momentos de la historia, como el de un personaje que ayuda a Alejandro a sobrevivir mientras huye y que Del Toro repensó como alguien con sordera que se comunica por lenguaje de señas y que, con ello, revela información importante sobre el pasado de Alejandro. Del Toro también volvió a imaginar la escena de una ejecución, casi al inicio de la película. Determinó que su personaje iba a tener un estilo muy específico para disparar un arma: feroz y veloz; en la cámara se ve cómo el dedo índice de Alejandro presiona varias veces el gatillo.

El resultado salió tan bien que fue utilizado para el avance de la película e incluso se convirtió en un meme.

“Siempre está buscando nuevas maneras de expresar la personalidad del personaje”, dijo Sollima, el director. “Cuando ves el material obtenido después de un día de filmación, te das cuenta de que inventó a una persona completamente distinta”.

Del Toro, quien vive en Los Ángeles y tiene una hija de 6 años con la socialité Kimberly Stewart, les inyecta a sus personajes un poco de su historia personal. DJ, el hacker mercenario que interpretó en Los últimos jedi, tartamudea de una manera distintiva; Del Toro dice que se basó en el habla de su padre para incluir ese detalle. “Solíamos imitarlo a sus espaldas”, dijo Del Toro, refiriéndose a él y a su hermano Gustavo, médico en Brooklyn.

Su padre, que aún vive en Puerto Rico, también fue una fuente indirecta para la escena de ejecución en Día del soldado. A Del Toro se le ocurrió el método para disparar hace años, después de ver que alguien hizo lo mismo en un campo de tiro.

“Crecí con armas”, comentó, y dijo que que usaba botellas como blancos con su padre en la granja de su familia en Puerto Rico. “Mi papá estaba en el Ejército y mi abuelo era policía. Respetaba las armas, pues entendía lo peligrosas que pueden ser”.

En sus filmes, Del Toro frecuentemente ha interpretado a personajes violentos que tiran a matar, muchos de ellos en un bando o en el otro de la guerra contra las drogas. Es optimista respecto de su reputación profesional: “Humphrey Bogart, Al Pacino y Denzel Washington también interpretaron a muchos chicos malos”, comentó, aunque sí habló del peso que su etnicidad ha tenido en su carrera.

“Es muy difícil cuando tu nombre termina en ‘o’, al igual que tu apellido”, agregó. “Si eres un actor latino y te dan un trabajo en el cine, será con un papel de gánster o algo así”.

Y es que Del Toro a veces batalla con el conflicto entre satisfacer su deseo de ser un mejor actor y el de desafiar estereotipos negativos, un predicamento con el que lidian muchos actores de diversas etnias y razas. Del Toro dijo que decidió enfocarse solo en lo bien que esté escrito un personaje y en el mérito de los cineastas involucrados.

“Si debo elegir entre romper un estereotipo y obtener un buen papel, siempre escojo lo segundo”, comentó. “Simplemente creo que el buen papel siempre será más satisfactorio. Y tengo mi propia vida, en la que puedo asegurarme de romper ese estereotipo”.

Le gustaría producir más e incluso ha escrito algunas cosas, aunque no revela más detalles. Además, dijo que si el papel adecuado se presenta podría aceptar la oportunidad de dejar atrás las armas e interpretar a un hombre íntegro y honesto: un fiscal, quizá, un piloto o un bombero.

En otras palabras, un héroe, sin el prefijo “anti” y con todos los privilegios que eso otorga.

“No me importaría interpretar a alguien que al final se queda con la chica”, concluyó.