2020: Incertidumbres del segundo año

Héctor Aguilar Camín

Dado el primer año de gobierno de López Obrador, puede anticiparse un sexenio de mejores discursos que resultados.

Piénsese en la distancia que hay entre los discursos y los resultados en materia de seguridad, crecimiento económico, corrupción, respeto a la ley, redistribución de la riqueza o producción petrolera.

También se dibujó en el primer año el perfil de un gobierno de ideas fijas cuya mala ejecución podría ser catastrófica.

La apuesta financiera a la reinvención de Pemex podría dar al traste con la calificación de la deuda soberana del país y destruir los equilibrios macroeconómicos sostenidos hasta ahora.

La obsesión de hegemonía productiva de la Comisión Federal de Electricidad podría dar al traste con un prometedor futuro de generación de energías limpias.

Los proyectos de la refinería de Dos Bocas, del Tren Maya en Yucatán y del aeropuerto en Santa Lucía son candidaturas naturales a la especialidad mexicana de los “elefantes blancos”: obras mal pensadas, mal realizadas, que, llegado a cierto punto, es más barato abandonar que continuar.

El gobierno ha dado grandes pasos en su rediseño legal del país. Pero no hay una sola de sus leyes importantes que no esté sujeta a litigio constitucional, y cuyo destino, por tanto, no sea incierto.

Incierta es también la eficacia de los cambios en política social. Empezando por las entregas de dinero en efectivo, cuyo verdadero tamaño desconocemos, terminando con decisiones como la clausura del Seguro Popular, cuyas consecuencias en la salud pública le ponen los pelos de punta a muchos especialistas y son una desdicha cotidiana para muchos pacientes.

El liderato y la aprobación del Presidente son superiores a sus resultados, pero tendrán en algún momento que empatarse con éstos: o los resultados mejoran o la aprobación baja.

Un problema serio para el nuevo gobierno es Morena, cuyas rencillas internas no auguran nada remotamente parecido al disciplinado PRI, con quien suele comparársele.

Por último, está el problema de la elección estadunidense y de las ocurrencias antimexicanas de Trump: terreno minado.

2020 es un año a la vez incierto y decisivo para la historia del gobierno que quiere destruir el orden viejo y crear uno nuevo: cambiar de régimen.

hector.aguilarcamin@milenio.com