¡El enfermo mental que habita Palacio!

Ricardo Alemán

La torpeza, la irresponsabilidad y la estulticia con la que responde el presidente López Obrador a las tres pandemias que golpean a México -el Covid-19, el disparo del dólar frente al peso y la caída del precio del crudo mexicano- trajeron de vuelta el debate de la salud mental del Presidente.

Y es que cualquiera que sea “visitante frecuente” de “las mañaneras” presidenciales, podrá atestiguar que, de tanto en tanto, el Mandatario mexicano tiene desplantes que van más allá de la “necedad” y la “terquedad” y que, de plano, rondan las fronteras de lo “chiflado”.

Y una de esas exhibiciones gratuitas de las chifladuras presidenciales la vimos la mañana del miércoles 18 de marzo, cuando a propósito de los riesgos de la pandemia del Covid-19, López Obrador dijo que “la honestidad” es el mayor blindaje contra males como el coronavirus.

Luego mostró ante los “paleros mediáticos” una suerte de amuletos religiosos y una colección de estampas religiosas, conocidas de manera coloquial como “los detentes”.

Así lo dijo: “Son mis guardaespaldas, son los detentes que me da la gente”. Y hasta leyó la consigna de uno de ellos: “Detente enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo”.

Luego, ya en la franca exhibición de la superchería presidencial, en cadena nacional, López Obrador exhibió su profundo nivel de ignorancia y analfabetismo, además de que ofendió a los creyentes de distintas denominaciones religiosas.

Dijo: “Tengo otras cosas, porque no solo es catolicismo, sino también religión evangélica y libre pensadores, porque todo lo guardo, porque no está de más…”.

¿Qué significa lo anterior? ¿Cómo debemos entender que el jefe del Gobierno y del Estado laico, guía sus decisiones a partir de consejas religiosas y supercherías?

Sin embargo, esa exhibición del “genio de la propaganda” le valió una nueva tendencia en redes sociales a lo que para muchos fue la mejor prueba de que el presidente López Obrador “tiene serios problemas mentales”.

Y, en efecto, lo que vimos la mañana del 18 de marzo del 2020 es digno de un desequilibrado mental.

¿Por qué? Porque solo un demente cree que con “detentes” un Presidente puede salvar al país de severas crisis como la del Covid 19, la caída en los precios del petróleo y, sobre todo, el desplome del peso frente al dólar.

El tema llegó a tal absurdo que, incluso, grupos católicos respondieron a López Obrador con tres ejemplos de lo que es un buen católico.

Así lo escribieron: “Confiar en Dios no significa no tomar precauciones; aquí cuatro ejemplos. 1. A Dios rogando y con el mazo dando. 2. Noé fue advertido del diluvio y construyó el Arca. 3. José fue advertido de la sequía y almacenó en graneros. 4. José y María fueron advertidos de las intenciones de Herodes y huyeron a Egipto”.

Sin embargo, la locuacidad de AMLO no es nueva. Aquí lo dijimos desde hace años: el candidato López Obrador tenía serios problemas mentales.

Pocos lo creyeron. Incluso, muchos que hoy son severos críticos de López Obrador dijeron que hablar de presuntos problemas mentales, en el caso del candidato puntero en 2018, era una irresponsabilidad.

Otros, conocedores de la verdadera salud mental de López, hicieron todo por tratar de callarnos, incluso nos propusieron un acercamiento con AMLO, en los previos a la presidencial de 2018.

Luego que no consiguieron callarnos o comprarnos, en mayo de 2018, algunos de los principales propagandistas del candidato López Obrador -como Julio Hernández, Epigmenio Ibarra, Federico Arreola y Jenaro Villamil-, diseñaron una costosa campaña de difamación y calumnia en contra nuestra, para sacarnos de los medios.

Y, en efecto, lograron nuestra renuncia de algunos medios, pero no consiguieron callarnos.

Aún así, siguió viva la exigencia pública para que López Obrador presente el resultado de un examen general de salud -salud física y mental-, el cual prometió hace 250 días, a pocos meses de arrancado su Gobierno.

¿Cuál es el estado de salud, física y mental, del Presidente mexicano? ¿Por qué se ha negado López Obrador, de manera sistemática, a realizarse un estudio general de salud? ¿Qué esconden el Gobierno federal y el propio Presidente, como para no presentar un estado de salud, física y mental?

Vale recordar que cuando Federico Arreola inventó el alcoholismo de Calderón, los propagandistas de AMLO exigieron un estudio médico al entonces Presidente, exigencia que hoy no les importa cuando su amado líder ofrece muestras contundentes de que es un enfermo mental.

¿Tiene problemas mentales López Obrador? ¿Quién, en el Estado, está obligado a probarlo?