El Presidente enojado

Carlos Puig

El presidente Andrés Manuel López Obrador andaba ayer irritable, irritado.


La realidad es terca y las cosas no cambian por arte de magia o porque alguien lo ordena. Y no, no nos hemos vuelto todos buenos.

Las cosas tardan en echarse a andar, los nuevos funcionarios tardan en aprender a transitar el laberinto burocrático. Otros nomás no entienden, como algunos que nunca creyeron aquello de que el Presidente no quería más delegaciones de entidades públicas en los estados, y muchos secretarios se pusieron a nombrar amigos en las delegaciones, por lo que hace unos días la Secretaría de Hacienda les ordenó que corrieran a todos los contratados desde el 1 de diciembre pasado.

Ayer en la mañanera, por ejemplo, repartió a todos.

Sobre los resultados económicos del primer trimestre, culpó a sus «adversarios» de que “están apostando a que nos vaya mal un día sí y el otro también”. Están hablando de estancamiento económico, de que no está funcionando el gobierno; lo cierto es que vamos muy bien, mucho muy bien. Nada más les recomendaría a los expertos y a los analistas conservadores que revisaran cómo fue el primer trimestre del inicio del gobierno de Ernesto Zedillo. Claro que estoy poniendo algo extremo, pero como así se llevan, de vez en cuando puedo yo también darme ese lujo, esa licencia”.

Cuando se le preguntó sobre las consultas a comunidades indígenas y manifestaciones de impacto ambiental para el Tren Maya, se fue con todo: “¿De cuándo acá los conservadores defienden a las comunidades indígenas?, si la verdad, la verdad, son bien racistas y clasistas; pero tienen derecho a expresarse, como también nosotros tenemos derecho a dar a conocer nuestros puntos de vista”. Así, racistas por hacer preguntas sobre si se cumplió la ley.

Les tocó a los senadores “liberales” que se ausentaron el día de la votación de la reforma educativa.

Mandó un mensaje a su gabinete a quienes les dijo “tenemos que aplicarnos más todavía, y estarlo recordando, porque existe esa mala costumbre, de decir: Ya llegamos, tenemos cargo. No, no son cargos, son encargos”. Y les pidió “acabar también con otro problema, el sectarismo, los que hacen grupos. El sectarismo hace mucho daño, tanto en la política como en el gobierno”.

Sí, no andaba de buenas ayer el Presidente.