El tigre de López Obrador

Héctor Aguilar Camín

Interrogado sobre si aceptará su derrota en las elecciones, López Obrador dijo a los banqueros:

“Tengo dos caminos: Palacio Nacional o Palenque, Chiapas. Si las elecciones son limpias, son libres, me voy a Palenque, Chiapas, tranquilo”.

Se entiende que se va tranquilo si pierde  a la buena. Sigue:

“Si se atreven a hacer un fraude electoral, me voy también a Palenque y a ver quién va a amarrar al tigre. El que suelte el tigre que lo amarre. Ya no voy a estar deteniendo a la gente luego de un fraude electoral. Así de claro”.

La metáfora del tigre tiene historia. Dicen que Porfirio Díaz dijo cuando empezó la rebelión maderista: “Han soltado un tigre”. El tigre resultó ser la Revolución de 1910.

La metáfora de Díaz sugería que el tigre era incontrolable. El tigre aludido por López Obrador sugiere que puede ser controlado por el propio López Obrador.

De hecho, dice haberlo controlado ya, al menos una vez.

Supongo que cuando habla del tigre que domó, López Obrador se refiere a las elecciones de 2006, las cuales perdió por medio punto porcentual.

En aquel año López Obrador gritó fraude, sacó a la calle a sus seguidores, hizo un plantón en la avenida Reforma y se proclamó presidente legítimo.

Si aquello fue domar al tigre, fue una doma pírrica. Le quitó a López Obrador y a sus seguidores la posibilidad de cogobernar el país.

Gritaron fraude, desconocieron al ganador, y le dieron al PRI, la tercera fuerza de aquella elección, el sitio de interlocutor privilegiado del gobierno.

El argumento de López Obrador, todavía ahora, es que si no hubiera hecho aquella protesta, la ira popular habría alcanzado niveles de violencia dignos del tigre porfiriano.

Si ese es el argumento que está en la cabeza de López Obrador, también debe estar éste: los mexicanos estamos en deuda con él, pues evitó que el tigre nos saltara encima.

López Obrador advierte ahora a los mexicanos: no voy a controlar al tigre que viene. Si hay fraude en las elecciones de 2018, él se irá a Palenque, a esperar que otros amarren al tigre que desataron.

Los mexicanos quedaremos solos frente al tigre, sin la protección del domador.

Toda una metáfora.