Hacia el Estado de Excepción

Carlos Marín

Con menos de 100 casos confirmados y ninguna muerte aún, pareciera que México la pasa bien con el coronavirus, percepción tan engañosa como escandalosa la realidad: en donde mejores condiciones debiera haber, el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, no solo hay desabasto de equipos y materiales, sino que al personal no se le ha dicho qué protocolos seguir para la demanda que, previsiblemente, se volverá tumultuaria.

El pésimo manejo de la política pública de salud empezó hace un año en todo el sistema hospitalario y tiende a empeorar con los tumbos dados para sortear la peste Covid-19.

La realización del Vive Latino con 60 mil espectadores, mientras en el Azteca hubo futbol sin público; el anuncio de suspensión de clases a partir del 20 de marzo, pero el adelanto de una semana decidido por los gobiernos locales; la humillante pasividad del subsecretario a cargo de la indefinida “estrategia”, frente a la insistencia del Presidente en acudir a eventos masivos (con riesgosos besos y abrazos), ilustran el desorden prevaleciente.

En el mundo, la nueva peste ha cobrado casi ocho mil vidas y tiene en capilla a poco menos de 200 mil, y apenas nos está llegando. Muy cerca de nosotros, en Estados Unidos y Canadá, se vive ya en estado de emergencia.

Después de China, cuyo mariscal contra la epidemia (Zhong Nanshan) dice que se está bajando la cantidad de brotes y que probablemente la amenaza se desvanezca en abril (deberán capotearla todavía mes y medio), el epicentro está hoy en Europa.

Es remota la esperanza de cura: la Organización Mundial de la Salud calcula 18 meses para que se desarrolle una vacuna y su director general (Tedros Adhanom), dice que todo el mundo debiera “despabilarse y considerar a este virus como el enemigo público número uno”.

Da la impresión de que no se piensa lo mismo en el gobierno mexicano. Entre otras razones porque se ignora qué persona, cuál institución o instancia interdisciplinaria lleva la batuta de la estrategia contra el flagelo que hizo decir ayer al presidente de Francia (Emmanuel Macron): “Estamos en guerra. Una guerra sanitaria, pero el enemigo está ahí. Invisible, escurridizo…».

Por estas y otras razones cobra sentido la pregunta y la demanda: ¿dónde está el Consejo de Salubridad General?

Subordinado al Presidente, se trata de la autoridad colegiada sanitaria constitucional de México; un órgano liderado por el secretario de Salud (inexistente para empezar), conformado prácticamente por todas las secretarías de Estado (¿Qué tal los efectos económicos?) y los directores del Issste y el IMSS, más representantes de las entidades federativas. Sus decisiones son de aplicación general y obligatoria. Puede, por ejemplo, hacer declaratorias de emergencia para la promulgación de decretos de cancelación de libertades por razones sanitarias, equivalente a las medidas de excepción que por seguridad puede ordenar el comandante supremo de las fuerzas armadas…