Hoy, el día más importante del siglo

El presente de la democracia en el mundo se define hoy en la ciudad que lleva el nombre del padre fundador de este país y de un sistema de gobierno en su expresión moderna: Washington.

Miles de manifestantes han comenzado a llegar a la capital federal para imponer a Trump como presidente de la república, por encima de los votos y de la ley.

El presidente encabezará las manifestaciones para descarrilar las elecciones que perdió.

Muriel Bowser, alcaldesa de Washington, DC, pidió el apoyo de la Guardia Nacional, cuyos soldados vigilaban desde anoche instalaciones estratégicas de la ciudad para hacer frente a posibles sabotajes.

The Wall Street Journal informó que a las manifestaciones de hoy “asistirán los partidarios de Trump, grupos de milicias privadas, supremacistas blancos, Proud Boys (grupo paramilitar del medio oeste) y teóricos de la conspiración como los que respaldan a QAnon, según muestran las publicaciones en redes sociales y los permisos otorgados”.

El jefe del Departamento de Policía de la capital de Estados Unidos, Robert Contee, informó que tienen información de la llegada de grupos armados a Washington, “lo que es violatorio a las leyes locales sobre armas de fuego”.

Horas antes de la certificación del triunfo de Biden por el Congreso, que ocurrirá hoy, el presidente Trump tuiteó que “el vicepresidente (Pence) tiene el poder de rechazar a los electores elegidos de manera fraudulenta”.

Lo anterior es falso, no tiene asidero legal, pero si se dobla Pence a las presiones de su jefe, el golpe habrá sido al corazón del sistema democrático.

Si cae Estados Unidos, caerán todos los demás países arrastrados por el tsunami del populismo autoritario.

Esto no es en algún futuro, sino hoy, en el presente, en Washington, DC, en este miércoles dramático para la humanidad.

Donald Trump, en un mitin en Georgia –donde ayer hubo elecciones senatoriales–, aumentó la presión sobre Pence, que en su calidad de vicepresidente del país, preside el Senado: “Tengo que decirles que espero que nuestro gran vicepresidente, nuestro gran vicepresidente, nos apoye”. La multitud rugía de entusiasmo.

Hoy es el ‘putsch’ de Donald Trump.

Hace casi un siglo, el fanático líder de un partido llamó a un golpe de Estado en Munich, Alemania, y fracasó. Estuvo un tiempo preso y luego salió libre de cargos. Lo perdonaron.

El resto ya lo conocemos: ese tipo iracundo llegó al poder, invadió Europa, provocó una guerra mundial y llevó a la muerte de 60 millones de seres humanos.

“A Hitler se le debió frenar en Munich”, hemos oído decir.

Esperemos que al paso de un par de generaciones no se diga: “a Trump se le debió frenar en Washington”.

El “putsch de la cervecería” de Hitler (8 y 9 de noviembre de 1923) fracasó, como muy posiblemente fracasará hoy el golpe de Trump. Pero el daño causado por este mal perdedor es irreparable.

Ayer en las elecciones en Georgia, según las encuestas de salida de Edison Research, citadas por The Washington Post, dos de cada diez republicanos están muy seguros de que los votos se contarán eficazmente. Lo mismo piensan siete de cada diez demócratas y cuatro de cada diez independientes.

Hay que leerlo al revés: ocho de cada diez republicanos no están seguros o no creen que su voto va a ser contado. Lo mismo piensa el 30 por ciento de los demócratas y el 60 por ciento de los independientes en Georgia.

El escepticismo ya prendió.

Por la tarde de ayer, The New York Times publicó un acuciante editorial institucional: “Una república sólo funciona cuando los perdedores de las elecciones aceptan los resultados y la legitimidad de sus oponentes”.

Hace unos meses Donald Trump extorsionó al presidente de Ucrania para que enlodara en una trama de corrupción a Hunter Biden, el hijo de su adversario electoral. Y se la perdonaron.

La semana pasada extorsionó al secretario de Gobierno de Georgia para que dijera que ‘recalculó’ el cómputo electoral y que él ganó el estado.

Con ello, dice el editorial del Times, “Trump aprendió que puede violar la ley y socavar la democracia con impunidad”.

Buena parte del daño ya está hecho. Por donde pasa el populismo autoritario no vuelve a crecer el pasto.

Vladimir Putin sabía lo que hacía cuando intervino para que Trump ganara la presidencia de Estados Unidos hace cuatro años. Un destructor de la democracia. Esta república ya está tocada.

O como me lo dijo, al inicio de esta campaña, un viejo cubano sentado en la escalinata del Parque del Dominó, en La Pequeña Habana: “este país ya se empingó”.

Claro, siempre se puede estar peor. Y de eso se trata este día histórico.