La blanda política exterior de AMLO que a nadie convence

Manuel Mejido 

Los sectores más radicales de la izquierda en el país están en desacuerdo con la política exterior establecida por el presidente Andrés Manuel López Obrador, la cual resulta demasiado permisible para un Donald Trump acostumbrado al arrebato y no a la negociación.

Desde que se firmó el acuerdo migratorio con Estados Unidos, el 7 de junio pasado, a la fecha se duplicó la captura de inmigrantes indocumentados, ante la presión de Washington para que en 90 días haya resultados.

Durante décadas, las autoridades nacionales sólo se preocuparon en tener bien controlados a los guatemaltecos, salvadoreños, nicaragüenses y hondureños, especialmente, en la frontera sur.

Pero la política incluyente de AMLO abrió la puerta a personas de Cuba, Haití y hasta de lugares tan remotos como la República del Congo, donde está enclavada la aldea de Uyiyi, célebre porque el gran periodista Henry Monroe Stanley, del New York Herald Tribune, después de viajar en ferrocarril transiberiano, construido por los zares, recibió la encomienda de localizar al doctor David Livingstone, perdido en el corazón sudafricano desde hacía mucho tiempo.

Morton Stanley, tuvo un encuentro célebre en los anales periodísticos de dos frases. Al encontrar al misionero y médico escocés le preguntó “¿Cómo está el mundo?”, la respuesta del periodista fue: “Presumo que es el doctor Livingstone”.

En esa época, la migración ocurría como una forma de invasión y, a la fecha, tiene ciertos resquicios de intervención de una nación en otra, por lo que resulta imposible erradicarla y ocasiona que miles de migrantes vivan la desgracia de abandonar su patria para viajar hacia países más poderosos.

México es el receptáculo de aquellos que abandonan su tierra ante la falta de oportunidades. Pero también es un invasor silencioso en Estados Unidos, porque la guerra de rapiña de 1848 dejó a miles de mexicanos de aquel lado de la frontera, bajo el amparo de la bandera de las barras y las estrellas.

LOS ACUERDOS DE EBRARD DESNUDARON AL PAÍS

La desnuda realidad del acuerdo migratorio entre México y Estados Unidos produjo violaciones a los derechos humanos, porque los negociadores cambiaron aranceles por personas.

Aunque el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, haya querido vender al pueblo la idea de que fue un buen tratado y un triunfo diplomático mexicano, las cárceles, las garitas y otros lugares mal acondicionados como albergues están llenos de niños, mujeres, embarazadas y hombres inmigrantes que sólo tenían a México como espacio de tránsito.

Durante décadas el gobierno mexicano fue omiso del trato indignante de los estadounidenses hacia los emigrantes nacionales. El estado de Nuevo México, que fue transferido a Estados Unidos la guerra de 1848, tuvo problemas por muchos años para que los llamados hispanoamericanos fueran reconocidos como ciudadanos, debido a las luchas sin cuartel que dio el líder Reyes López Tijerina.

Para tener una identidad propia, los mexicanos crearon un estilo de vida, una forma de ser y de vestir, se manifestaron hasta que consiguieron ser incluidos en una sociedad que aún ahora los rechaza.

Legalmente Nuevo México, Utah y Texas son estados arrancados con los cañonazos de una guerra de rapiña que no quiere aceptar esos terrenos concedidos por el Rey de España a sus habitantes. Todos los documentos de esa negociación de la Unión Americana con la madre patria, estaban depositados en Santa Fe y en Guadalajara, de donde oportunamente para los Estados Unidos, desaparecieron. Ese fue el fin que tuvieron “las mercedes del Rey”, por las que tanto peleó Reyes Tijerina.

Sobre la frontera sur pesan la pobreza y las malas decisiones de la corona española que cedió en préstamo el territorio de Belice para una explotación forestal. Hoy se observa que sólo hubo actos de rapiña del Reino Unido y su hijo bastardo, Estados Unidos.

Mientras las autoridades mexicanas protegían sólo la frontera norte, al sur los centroamericanos entraban y salían sin el mayor problema. Ahora, militares convertidos en la Guardia Nacional, trabajan para Estados Unidos y detienen el flujo migratorio que tanto molesta a Trump y que será utilizado como bandera política durante su próxima campaña por la reelección.

PREMEDITADA REACCIÓN DE MÉXICO ANTE LA AMENAZA

López Obrador se precipitó al enviar a Marcelo Ebrard a Washington a negociar la amenaza que lanzó Trump en su cuenta de Twitter, de imponer nuevos aranceles a México, sino ponía más empeño a la detención del flujo migratorio.

El presidente mexicano no supo reconocer que sólo era una amenaza del mandatario estadounidense, una de tantas que ha lanzado y no ha cumplido, que era el arranque de su aspiración reeleccionista. Lo mejor hubiera sido dejar pasar la amenazaarancelaria de Trump.

Ahora, López Obrador está metido en acusaciones de violaciones a los derechos humanos de cientos de inmigrantes, asunto que ha explotado la derecha para denostar a un Presidente que apenas tiene seis meses en el cargo y de quien malamente ya esperan, los panistas, los resultados de un sexenio.

En estas últimas semanas, se han visto imágenes desgarradoras de inmigrantes en territorio mexicano, como el papá y la hija enfundados en la misma playera que murieron arrastrados por la corriente del Río Bravo o la mujer haitiana en una centro de reclusión en Tapachula, Chiapas, suplicando ayuda a los reporteros.

Esa vergüenza nacional de detener a centroamericanos, que esencialmente tienen las mismas raíces que los mexicanos y que son igualmente despreciados por Estados Unidos, es la muestra viviente de lo que no se debe hacer entre seres humanos.

Hasta el año pasado los inmigrantes se cuidaban de los delincuentes que los secuestraban, asaltaban y mataban en las carreteras mexicanas. Hoy se cuidan de los mismos asesinos y secuestradores, pero también del Ejército y la Policía Federal que los detiene, los encierra, los humilla y los roba.

Mientras esto ocurre en México, en Estados Unidos sólo permanece la amenaza del “bigsteak” de Teodoro Roosvelt.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com