La oposición y la contrarreforma

Carlos Marín

En el proceso legislativo de la contrarreforma educativa la oposición corre el riesgo de que, por presiones de Morena o una motivación genuina de querer “rescatar” elementos positivos del proyecto que de manera bochornosa se perfila, termine siendo la “tonta útil” de esta historia: si estuviera dispuesta a votar el cambio constitucional que con redacciones ambiguas (en la fachada) aparentara rescatar elementos clave de la que surgió del Pacto por México, como los concursos de ingreso y promoción, o un ente (seguro que no autónomo) que sustituya al Instituto Nacional de Evaluación Educativa, lo más probable es que en las leyes secundarias, en donde la mayoría de la cuarta empeñada en complacer a la CNTE ya no necesitará ni un solo voto de los opositores, se pulverizará lo que pudiera parecer una buena enmienda a la Constitución.

De hecho, esto ya viene ocurriendo con el dictamen aprobado por las comisiones de Educación y Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados: no únicamente aprobaron un transitorio que en las leyes secundarias pudiera interpretarse como el fin de cualquier evaluación al sujetar el ingreso, la promoción y los reconocimientos a lo establecido por el artículo 123 apartado B, sino que en el propio artículo 3º, en lugar de plantear con claridad lo referente a concursos y evaluaciones, se aceptó el concepto procesos de selección, lo cual es una vaguedad porque podría ser un concurso de oposición o una evaluación, pero también una tómbola o el regreso del pase automático de las normales, al determinarse en la ley que el proceso de selección sea la nota aprobatoria de la educación normal.
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En cuanto a la promoción, se puede regresar al escalafón.

Si permite que esas y otras definiciones específicas se hagan en las leyes secundarias, la oposición terminará más degradada todavía, no ya en su número de asientos en el Congreso sino desde el punto de vista ético.

Porque el gobierno y Morena convirtieron a la Coordinadora en el único interlocutor visible de su negociación (o entrega), no deja de preocupar el hecho de que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación brille por su ausencia. ¿Su opinión es intrascendente? Digo, para no preguntar por la sociedad civil o los expertos en el tema, a quienes los operadores de la contrarreforma ni voltean a ver.

A la falta de pluralidad en un tema donde el constitucional interés superior de la infancia es lo de menos, se suma otro problema descomunal: a los ojos del magisterio nacional, el actor que cuenta es la temible pero minoritaria CNTE, no la organización que tiene la titularidad del contrato colectivo, o sea el Sindicato. Esta situación puede generar una gran inestabilidad al interior del gremio, ya que la preponderancia política de la panchera CNTE sobre el institucional SNTE propicia el efecto levadura, que permite la proliferación de parasitarios hongos…

cmarin@milenio.com