La renuncia de Trump

Convertido en un estorbo para su país, Donald Trump podría renunciar a la presidencia de Estados Unidos la tarde del 6 de enero del próximo año.

Debió irse hace tiempo por el mal manejo de la pandemia, que ha puesto al país más avanzado de la Tierra a la cabeza de los damnificados por un virus que golpea en todo el mundo.

En estos días aciagos para la Unión Americana, no se cuenta con el Presidente. Ni un minuto de su tiempo lo dedica a contener la peor tragedia en cien años que cae sobre su país y mata cada día a tres mil estadounidenses.

Aunque ni soñarlo que se va a ir anticipadamente por una razón de fondo, como es su incompetencia para gobernar en una crisis, Trump puede renunciar por motivos relacionados con su ego y su inmunidad personal.

Le urge al presidente buscar el perdón federal por los posibles delitos cometidos durante su mandato, y desde antes.

Para ello tendría que abandonar el cargo y que su sucesor por unos días, el actual vicepresidente Mike Pence, le conceda el indulto anticipado.

De darse, ocurriría en medio de una silbatina, por lo bochornoso del caso. Pero a Trump le tienen sin cuidado la protesta de los medios y las élites informadas. Lo que le importa es no ser imputado por delitos federales que, además de ponerlo a la sombra, le cortarían las alas para ser nuevamente candidato presidencial en 2024.

Trump renunciaría para recibir inmunidad de parte de su segundo, Mike Pence.

El perdón no lo pondría a salvo de delitos estatales que presuntamente haya cometido, como son los de orden fiscal. Contra eso hay defensa y son temas que no dañan su decoro. Lo grave es lo federal, y necesita inmunidad.

Gerald Ford perdonó a Richard Nixon por los delitos que cometió en el caso Watergate, y eso es tomado como antecedente para que algunos pidan que sea Joe Biden quien indulte a Trump.

Los casos no son equiparables, ni mucho menos los personajes.

Ford, vicepresidente con Nixon, asumió el cargo luego de la renuncia del presidente, que fue descubierto en una serie de delitos electorales.

Era el segundo mandato de Nixon y él ya no tenía futuro político.

Ford, luego de oír muchas opiniones, con especial atención la de su esposa que abogó por la unidad en su país luego del desgastante proceso de impeachment, más la polarización causada por la guerra de Vietnam, pagó el precio de indultar a su exjefe.

Perdonar a Nixon le costó a Ford la derrota en la elección presidencial contra James Carter. Pagó cara la clemencia a un político en desgracia.

¿Biden debe sacrificar su presidencia, en el primer año, otorgando el perdón a Donald Trump?

Lo primero que ocurriría es la ruptura de la coalición gobernante, que está prendida de alfileres. Y, segundo, que Trump lo haga pedazos a él, en lugar de darle las gracias.

Como hemos insistido en este espacio: si Biden no acaba políticamente a Trump, será Trump el que acabe con Biden.

Los posibles delitos de Trump se remiten a la campaña de 2016, cuando se alió con los servicios de inteligencia rusos para sabotear las posibilidades de su contrincante demócrata Hillary Clinton.

Después están las deudas del presidente, superiores a los 400 millones de dólares, que contrató con quién sabe quiénes, con vencimiento en 2024, año en que terminaría su segundo mandato presidencial.

El gobierno de Biden tendrá que hacer una autopsia de lo que ocurrió en el manejo de la pandemia para saber en qué fallaron, al grado de poner a Estados Unidos como el peor país del mundo en la contención de la emergencia sanitaria.

Trump está en problemas serios y necesita el perdón anticipado.

Biden no se lo va a dar –salvo que quiera arruinar su presidencia apenas al inicio de ella. Trump sólo tiene a Pence. Y para ello tendría que renunciar.

La segunda razón que lo invita a dejar el cargo es su orgullo herido.

Quienes leen estas líneas podrán pensar que lo anterior es una ridiculez, y estarán en lo correcto porque son personas normales. Trump no lo es.

Dijo en campaña que sería una vergüenza perder ante el peor candidato presidencial de la historia de Estados Unidos.

En caso de perder, dijo, se tendría que ir a vivir fuera del país porque no soportaría la vergüenza de ser derrotado por ‘Sleepy’ Biden.

Después de la elección acusó que hubo fraude electoral.

Él y los suyos llamaron a “frenar el asalto” que le quería quitar la presidencia.

Cuando todos reconocieron a Biden como presidente electo, por la votación de los delegados al Colegio Electoral, Trump insistió en que hubo fraude y boicoteó el conteo de votos.

Lo abandonaron –y no por desleales, sino porque admitieron la realidad–, dos de sus mayores escuderos en su presidencia, el fiscal William Barr y el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell.

¿Qué va a hacer Trump el día 20, que es el cambio de poderes?

¿Va a acompañar a ‘Sleepy’ Biden, el “peor candidato en la historia de Estados Unidos”, en una limusina desde la Casa Blanca al Capitolio, como marca el protocolo?

¿Va a entregarle, personalmente, el mando de la república al que según él le robó las elecciones?

¿Va a convalidar el ‘fraude’?

Es una posibilidad. O que mande al diablo el protocolo y se vaya a jugar golf a Palm Beach el 20 de enero.

Hay otra: que renuncie.

En caso de darse, sería luego de que el Congreso cuente los votos en sesión conjunta el próximo día 6 de enero.

Vacaciones. Nos volvemos a encontrar la primera semana de enero, en estas páginas. Felicidades. Y que en 2021 lluevan bendiciones en la milpa de cada uno de ustedes.