La salud no es de juego

Manuel Mejido 

La escasez de medicamentos y vacunas en la República ha dañado a los dos extremos más vulnerables de la sociedad: los niños y ancianos.

En realidad nada se ha logrado centralizando la compra de medicamentos en la oficial mayor de Hacienda, Raquel Buenrostro. El presidente Andrés Manuel López Obrador puso en manos de esa honorable colaboradora ni más ni menos que la vida y la salud de millones de mexicanos.

Es posible dejar de comer unos días sin graves consecuencias para el organismo, pero es peligroso dejar sin medicamentos a quienes padecen alguna enfermedad como el cáncer, VIH o cualquier otra que requieren continua atención médica.

Los enfermos terminales se encuentran entre la espada y la pared, porque por un lado el gobierno nacional combate la corrupción en la compra de fármacos y, por otro, deja fuerde control a los enfermos, muchos de ellos en fase terminal. Con esta crisis se está exponiendo a la población.

Es cierto que algunos tratamientos que han reportado escasez en los hospitales públicos han sido para curar el VIH y los oncológicos, pero también faltan medicamentos de uso común e, incluso, vacunas contra el sarampión y el dengue.

No hay gobernante en el mundo que pueda cumplir con su obligación, si lo tiene que hacer con un pueblo enfermo, que depende de las buenas decisiones de quienes lo gobiernan. Incluso, los organismos internacionales antes de otorgar un crédito, analizan la calidad de vida del país solicitante, que define su productividad y años de vida.

Lamentablemente, se ha vuelto común que en redes sociales difundan imágenes de mujeres pariendo en la calle, en el piso de un hospital o en el jardín más cercano, de pacientes sentados haciendo largas filas a la espera de ser atendidos. También, hay quienes han muerto a la espera de su turno para ser revisados y se les entreguen los medicamentos para el alivio, pero esa hora nunca llega.

Esta falta de atención y carencia de medicamentos no es un asunto que debe atribuírsele exclusivamente a la Cuarta Transformación, sino que es la herencia de pésimas administraciones de la salud pública, que pagaba altos precios por medicamentos y equipo de mala calidad o que nunca a los hospitales o clínicas públicas.

LA DESATENCIÓN NO ES UN ASUNTO DE LA 4T

Durante muchos años en México se ha jugado con la vida del pueblo, por la escasez de medicamentos adecuados, que ha producido muchas muertes y que el andamiaje burocrático esconde para no asustar a la población que, de pronto, percibe un grave peligro en la distribución de medicinas a la cual tienen derecho y el gobierno la obligación de repartirla oportunamente.

La falta de tratamientos para el cáncer infantil en el Hospital “Federico Gómez”, que opera la Secretaría de Salud, y del “20 de Noviembre” del ISSSTE, que ha ocurrido en tres ocasiones en lo que va del año, sacó a decenas de padres de familia a las calles y a manifestarse en el Aeropuerto de la Ciudad de México la semana pasada. Sólo así fueron atendidos por las autoridades.

Empero, Jorge Alcocer, secretario de Salud, aseguró que no representaba una urgencia en términos médicos y, lo peor, que negó que faltaran fármacos.

La declaración cayó como una bomba ante el pueblo que no permitirá que sus hijos fallezcan por falta de medicamentos o atención médica. Jugar con la salud del pueblo equivale a morir por negligencia. No se debe dejar en el olvido ni los hospitales ni medicamentos.

Ante el clamor popular de problemas en el sistema de salud, AMLO comenzó a recorrer personalmente cada uno de los hospitales en el país donde se reportaban los problemas más graves.

A diferencia de cuando era candidato, visitaba los estados y se detenía a escuchar el dolor del pueblo, ahora, en su calidad de Presidente, López Obrador dejó de escuchar y únicamente se ocupa de otros asuntos. Ha dejado de lado, casi invisibles, los asuntos relacionados con la salud de los ciudadanos.

EL ERROR DE LÓPEZ OBRADOR

En una de sus conferencias mañaneras en Palacio Nacional, el Presidente cometió el grave error de proponer que los médicos, enfermeras o cualquier otra persona compren el medicamento o tratamiento si observan que un paciente está muriendo ante la escasez en los hospitales.

De pronto parece que el Presidente se ha convertido en el médico de la nación y que, los doctores pueden tienen el dinero para ir a la farmacia a comprar lo que requiere el paciente, además de desatender sus obligaciones y dejarlo a media operación en el quirófano porque no hay insumos tan esenciales como anestesia o gasas.

La discusión se centra entre las secretarías de Hacienda, que debería comprar los medicamentos; la de Salud, que niega falta de los fármacos, y la Cofepris, que aún no ha advertido sobre el aumento de enfermedades que estaban erradicadas como el sarampión.

El caso de la señora Judith Torres es dramático, porque su hija, una niña de siete años, falleció el pasado 5 de julio, porque durante tres semanas no recibió el tratamiento contra el cáncer. Reveló que la escasez, que arrebató la vida a su hija, no es la primera que se presentaba intensamente en el Hospital Infantil de México “Federico Gómez”.

El problema que está aflorando en todos los hospitales de México, no empezó el 1 de diciembre, con la llegada de López Obrador a la Presidencia. Se manifestó en toda su crudeza durante los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

No porque sea un problema añejo o mal tratado se deba atender lo dicho por el Presidente López Obrador de que médicos o enfermeras compren los medicamentos. Es obligación del Estado proveerlos a la población que lo requiera. De lo contrario, el gobierno estará incumpliendo en una de sus funciones principales, que es garantizar la salud de la población.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.