La transformación de López Obrador

Jorge Fernández Menéndez

Hoy Andrés Manuel López Obrador se convertirá en el presidente electo de México, luego de una campaña electoral en la que literalmente arrolló a sus adversarios, en un país cansado de la violencia, la inseguridad y las denuncias de corrupción, ante rivales divididos internamente y que no tuvieron respuestas adecuadas al nivel de desafío que imponía el candidato de Morena.

López Obrador se convertirá en presidente electo porque logró mantener su base entre muchos sectores populares del centro y sur del país, pero, sobre todo, porque hubo un vuelco casi masivo de las clases medias urbanas de todo México hacia su candidatura, unas clases medias que lo que más quieren hoy día es certidumbre y estabilidad, quieren sentirse seguras en sus casas, trabajos y en las calles y quieren sentir que sus impuestos no son dilapidados.

López Obrador lo sabe y sus principales colaboradores también. En estos 40 días, desde la elección, ha tenido una actividad frenética y en ocasiones contradictoria, con mensajes cruzados suyos y de su gente. A partir de hoy tendrá que ser diferente: para muchos, Andrés Manuel ya era el presidente electo desde el primero de julio en la noche y algunos de sus colaboradores así lo entendieron y en ese sentido actuaron.

Lo de hoy no es una mera formalidad, es un cambio importante en su estatus: hoy comienza de verdad la transición que durará tres meses y medio interminables. La entrega-recepción de todas las instancias del Estado mexicano es un proceso arduo, sofisticado y que no puede quedar en manos irresponsables.

Ya como presidente electo, Andrés Manuel López Obrador puede y debe comenzar sus contactos formales con militares y marinos para ver el futuro de las Fuerzas Armadas y de seguridad. Tendrá oficialmente acceso a información confidencial del Estado mexicano y podrá saber más allá de impresiones y del obvio conocimiento de campo que tiene luego de recorrer innumerables veces el país, la situación real, con datos duros, de la seguridad pero también de la política, la economía y tendrá instrumentos nuevos para medir el termómetro social.

Le guste o no, tendrá que contar con un esquema de seguridad acorde a su nueva condición y, por lo pronto, esa seguridad se supone que tiene que provenir del Estado Mayor Presidencial, ojalá le sirva para revalorizar su labor, imprescindible para la propia seguridad del Estado. Su esposa, sus hijos, también comenzarán a tener un esquema de protección, necesario, imprescindible para ellos.

Desde hoy López Obrador, siendo seguramente el mismo, será otro e iniciará una transformación que culminará el primero de diciembre, cuando asuma realmente el poder. Porque, hasta ahora, es bueno recordarlo, ha sido y será hasta entonces, un espacio de poder concedido el que ha tenido, emanado de la contundencia del voto, pero también de un gobierno, el de Peña Nieto, que ha decidido plegar sus velas y administrar su salida.

En tres semanas más veremos hasta dónde eso cambiará o no en la etapa final de la actual administración, cuando se instale la nueva Legislatura y tanto el presidente Peña como el presidente electo y su bancada, numerosísima en las dos cámaras, decidan qué proyectos se van a presentar a consideración de los diputados y senadores. El paquete económico, la ley de ingresos y el presupuesto tienen que presentarse en las próximas semanas y será consensuado, y en ello, para mantener esa confianza y estabilidad que requiere el momento, el presidente electo tendrá que mostrar voluntad política, impulsar sus proyectos, pero también escuchar a los expertos (que el lunes les pidiera a los ingenieros sus opiniones sobre el nuevo aeropuerto es una buena señal en ese sentido).

La idea que ha transmitido de que quisiera que se aprobara la reforma para crear desde ya la SSP, sumándole todas las instancias que ha propuesto su equipo, desde el Cisen hasta inteligencia financiera pasando por la Policía Federal y Protección Civil, es una decisión compleja, ya que atañe al diseño de gobierno. Pudiera ser que se llegara a un acuerdo para que se presentara esa iniciativa, se aprobara y entrara en vigor el primero de diciembre. Pero no creo que el presidente Peña acepte presentarla él mismo como su iniciativa preferente. En política, la forma es fondo.

Quedarán, una vez más, los que han sido hasta hoy los temas más controvertidos: la descentralización administrativa, que puede romper el apoyo logrado con amplias clases medias y burócratas, pero también con sectores sociales en los estados que no están de acuerdo con que se les envíen esas secretarías y, por otra parte, mantener el respaldo de los sectores empresariales. La atención de muchos inversionistas estará puesta en un tema que será el que dará la pauta para los demás: la Reforma Energética, más allá de los titulares de esas áreas.

López Obrador inicia hoy una transformación que culminará el primero de diciembre. Habrá que recordar que los dioses griegos eran poderosos, capaces de decidir sobre el destino de hombres, animales y otros seres fantásticos, pero que también, más allá de su origen divino, también eran esclavos de sus pasiones.