Presupuesto ortodoxo y disciplina fiscal

Leo Zuckermann 

De la presente administración, he aplaudido la promesa y el cumplimento de mantener la disciplina fiscal. En materia de finanzas públicas, este gobierno no es populista. Hasta ahora, ha gastado lo que le ingresa. Incluso, en algunos rubros, hasta ha gastado menos. Todo indica, en este sentido, que cumplirá con la meta de tener un superávit fiscal primario equivalente al 1% del Producto Interno Bruto (PIB) durante este año. Ayer, la Secretaría de Hacienda presentó la propuesta del Paquete Económico 2020. Los primeros números apuntan a que el gobierno de AMLO seguirá por el camino de la disciplina fiscal. Excelente noticia.

Hacienda reconoce la desaceleración de la actividad económica. El estancamiento lo explica por la situación externa y “factores relacionados al ciclo económico”. Lógicamente, el gobierno minimiza sus malas decisiones que han afectado el apetito por invertir en México. Sin embargo, por el tono del documento presentado ayer, tengo la impresión de que quieren darle la vuelta a la narrativa y cambiar la tendencia para el 2020: “Se estima que el fortalecimiento del mercado interno, la creación de empleos, el repunte del crédito y la inversión en infraestructura pública y privada generen un mayor dinamismo”. A eso hay que sumar “la probable ratificación del T-MEC y factores internos como la disipación de la incertidumbre ante nuevas políticas gubernamentales y de presiones inflacionarias”. Interesante lo de la “disipación”. Parecería que el gobierno, o por lo menos Hacienda, ya no quiere dar más sorpresas que afecten a la economía, como sí hizo durante su primer año.

Hacienda está pronosticando un crecimiento del PIB en 2020 de entre 1.5 y 2.5 por ciento. Es el mismo rango del Banco de México, pero arriba de lo que opinan los especialistas económicos encuestados por el banco central que ponen el crecimiento del 2020 en 1.4 por ciento.

La promesa de superávit primario es de 0.7% del PIB para 2020, lo cual, de cumplirse, hará realidad la promesa de AMLO de no endeudar más al país. Vamos a ver si lo logran porque para las “estimaciones de finanzas públicas se considera un crecimiento puntual de 2.0% real anual”. Si, por alguna razón, la economía no crece a ese ritmo, tendrán que recortar el gasto público para cumplir con la meta del superávit fiscal.

En materia de gasto, se privilegiará el de “seguridad, en bienestar social y dentro del sector energético, en infraestructura de Pemex para lograr su reactivación”. Nada nuevo.

Otras buenas noticias: ni se crearán nuevos impuestos ni se incrementarán las tasas existentes durante 2020, el gobierno comprará coberturas petroleras y seguirá acumulando recursos en los fondos de estabilización que hoy suman 409.7 mil millones de pesos equivalente a 1.6% del PIB.

En suma, un Presupuesto realista y ortodoxo que cumple con la promesa de disciplina fiscal.

MÁS SOBRE “BARTLETT BIENES RAÍCES”

El miércoles escribí una columna sobre la investigación periodística de Arelí Quintero para el portal de Carlos Loret en la que se descubre que Manuel Bartlett, “a través de familiares, empresas y presuntos prestanombres se ha hecho de un imperio inmobiliario de 25 propiedades (23 casas y dos terrenos) con un valor aproximado de más de 800 millones de pesos”. Esta fortuna es 16 veces mayor que la que declaró Bartlett al tomar posesión como director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

El jueves, Pascal Beltrán del Río, director de Excélsior, recibió una carta oficial de la CFE firmada por su coordinador de Comunicación Corporativa, Luis Bravo Navarro. Se queja que yo haya repetido “falaces aseveraciones”. Al respecto, aclaro que efectivamente cité dicha investigación y también los comunicados donde Bartlett rechaza las acusaciones, todo de acuerdo a los cánones periodísticos. Reconozco que incluí mi opinión porque esta columna es… de opinión. Espero que la Secretaría de la Función Pública investigue lo de las casas de Bartlett, de tal suerte que pueda cambiar mi opinión de que, en este asunto, el actual gobierno está actuando igual que los anteriores.

Finalmente, lamento mucho que una institución del Estado, la CFE, defienda los asuntos privados de su director utilizando, para tal efecto, el dinero de los contribuyentes. Lo más preocupante es la caracterización en la carta, publicada el viernes en Excélsior, de Carlos Loret como un “sicario del periodismo”. Siendo México uno de los países donde más asesinan a periodistas, resulta ominoso que un comunicado oficial se refiera así de uno de nuestros colegas. Más aún, cuando recordamos que, en 1984, otro subordinado de Bartlett en sus años al frente de la Secretaría de Gobernación, José Antonio Zorrilla, ordenó el asesinato del periodista Manuel Buendía.