Se festejó… el triunfo de Trump

Carlos Marín

Pese a los abundantes indicios de que hoy empezaría el ataque arancelario contra México, los negociadores de Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump desactivaron la amenaza y el mitin «de unidad» a que llamó el Presidente de México, en vez de un predecible despechado y patriotero coro de mentadas, devino en comedida y amistosa celebración por no haber sido peor tratados.

El acto se quiere hacer pasar como victoria, lo cual es por demás iluso porque se nos fuerza a militarizar la frontera, a gastar en hospedar y garantizar empleo a decenas de miles de migrantes del mundo (éramos muchos y parió la abuela) y a comprarles más a los agricultores que hicieron Presidente al agresor del peluquín dorado. Penoso detalle: por comparativamente ínfimo (frente al daño económico que se temía demoledor) que haya sido el pago de traslados y viáticos de los políticos que acudieron al mitin, su desplazamiento se contrapone a la austeridad republicana (rayando en la franciscana) que ha dejado en la calle a cientos de miles de personas que ocupaban eficientes y necesarios empleos de confianza; o técnicos, enfermeras y médicos del sistema público de salud; o la negación de presupuesto a las estancias infantiles y otros programas sociales, científicos y ecológicos.

En lo político, López Obrador sigue gozando de una popularidad que solo engañosamente se acrecienta con el acto del sábado, pero le hicimos el caldo gordo a la probable reelección de Trump. ¿Y cuál va a ser la reacción de los demócratas? ¿Qué harán si logran ganar las elecciones? ¿Se cobrarán con el TMEC? Y no sobra preguntar: ¿por qué el secretario mexicano de Agricultura formó parte de la delegación en Washington? ¿Hay concesiones adicionales al compromiso de comprar más productos agrícolas a Estados Unidos? ¿Cuál es el misterio acordado a que se refiere Trump con eso de que “será anunciado en el momento apropiado”? ¿Y si pide más en semanas o meses? Como la técnica salami: rodajas apenas perceptibles de transacciones financieras que se toman de una cuenta para transferirlas a otra, porque se sabe cuándo comienza una extorsión, pero no cuándo termina.

Un amigo me regala esta metáfora sobre lo sucedido: “Es como si el banco te llamara para exigir que pagues todos tus adeudos, los intereses acumulados y las multas antes del 10 de junio, so pena de cancelar tu tarjeta de crédito. Después de mucho discutir o negociar, aceptas pagar todo lo que te pidió y con ello el banco ya no te cancela la tarjeta para que sigas endeudándote. Acto seguido, organizas un festejo porque la conservaste y te ufanas de tener amistad con los empleados del banco”.

En los hechos, México aceptó todo lo que pidió Trump y quizás a nuestro gobierno no le quedó de otra pero, ¿eso es “negociar”? ¿Qué hubiera dicho Morena si el PAN o el PRI hubieran hecho lo mismo…?