Viajes de ciencia… franciscanos

Carlos Marín

A la zarandeada que se le viene poniendo a la institución federal encargada de promover y estimular la ciencia y la tecnología, esta semana se sumó el desinformado enfoque y ofensivo trato hacia la comunidad de investigadores y becarios que deben viajar al extranjero.

Con evidente sorna, el presidente de la República se ha referido a ellos así:

«Ofrezco disculpas a las aerolíneas aéreas, porque tampoco viajaban en clase económica, viajaban como machuchones. Ya cambió esto, no vamos a regresar a esos excesos, aunque se trate de científicos, de intelectuales. Aplicará para todos, incluyendo becarios del Conacyt (…). ¿Qué va a necesitar el investigador o investigadora para que se les autorice el viaje? Que sea indispensable, que no vayan a hacer turismo político, que no vayan a pasear a costillas del erario, que se haga por beneficio de la ciencia, y que requiera del viaje porque ahora también se pueden hacer las cosas por internet…».

Ya desde febrero, con el escandaloso nombramiento de la diseñadora Edith Arrieta como subdirectora de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, soplaban vientos que se hicieron huracanados con el despido de la doctora Beatriz Xoconostle Cázares, primera mujer en la historia que dirigía el Centro de Investigación Científica de Yucatán.

Aunque Arrieta hizo su licenciatura en una de las mejores universidades de moda del mundo (y la mejor de América Latina: la Jannette Klein), para el cargo que se le confirió en el Conacyt le había precedido Sol Ortiz García en el peñanietismo, con carrera de bióloga doctorada por la UNAM (donde es profesora en la Facultad de Ciencias) y trabajo de investigación en la Universidad Estatal de Oregón, más un curso de posdoctorado en el Reino Unido.

De reconocido nivel en su carrera y experiencia de 32 años en biotecnología, o sea el mejoramiento de cultivos con semillas genéticamente modificadas, Beatriz Xoconostle Cázares fue anatemizada por la directora del Consejo Nacional, María Elena Álvarez-Buylla Roces, quien (quizá por ser ecóloga y pese a que fue reconocida por Peña Nieto en 2017 con el Premio Nacional de Ciencias y se le atribuye el axioma: “La ciencia occidental ha producido avances inútiles, como la llegada a la Luna…”) tiene la convicción de que los transgénicos “son una bomba atómica con vida propia”.

Con tales tropiezos en el manejo de la ciencia y la tecnología, ahora científicos y becarios tanto del Conacyt como del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional deberán pedir permiso al Presidente de la República para viajar al extranjero porque “hay quienes no quieren entender que ya es otra realidad y se aferran, ya no es el tiempo en el que se pensaba que el pueblo no existía”.

Ajá…