Victorenses por las verijas y expresidentes al paredón

Antonio Rosario

Los intereses políticos van montados sobre la dignidad del pueblo que ya no conoce de honor ni de derechos.

Con el cavernario Xico González Uresti los panistas se pasaron el orden jurídico y democrático por las verijas, creyendo estos rufianes que toda la vida iban a estar en el poder.

Luego con esa alucinación llamada Congreso Local atropellan a los victorenses con una señora de nombre Pilar Gómez Leal, nativa de McAllen, Texas.

Y son tan desleales que la ilegalidad se la encasquetan a Francisco García Cabeza de Vaca que también cree que la chamba de mandatario es para los próximos 80 años de este siglo.

Así se atreverán a pedir el voto de esa ciudadanía que en tiempos ordinarios no la ven ni la pelan y hasta la matan de sed, pero que en épocas electorales no la dejan en paz acatarrándola con el “dame tu voto”.

Pero pasaditos de vivos se salen con la suya robándose de los bienes de Tamaulipas lo que nadie puede imaginar.

Y todo para que un día acaben encerrados como Eugenio Hernández y Tomás Yarrington.

O huyendo como el que se comió la brocha, el corruptísimo Egidio Torre Cantú, quien con su manada de criminales pactó la venta del poder constitucional.

El rollo de si a los ex presidentes se les debe juzgar se hace viejo o le echan tierra.

Y se ensombrece con esa manipulación genital entre el sinvergüenza dinosaurio Porfirio Muñoz Ledo y el arribista Mario Delgado Carrillo ilustre desconocido para los que pueblan este país.

Qué consulta constitucional ni que otro invento que juzgue a cinco ex presidentes de México. Eso sólo sirve para nada.

Lo justo es que los pongan en el paredón y que los cañones truenen contra Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto.

Pero Andrés Manuel le encanta andarse por las ramas, cuando sabe que ni fusilando a estos criminales se recuperará algo de lo perdido, mucho menos las vidas segadas y el robo que empobreció a 100 millones de mexicanos y no los 55 millones que los datos oficiales quieren que creamos.

Punto.