A las porristas de la NFL les exigen sonreír hasta cuando son acosadas

20 abril 2018

NYT | Las animadoras de equipos profesionales por lo regular son bailarinas con estudios de ballet, jazz, hip-hop, danza moderna y tap. Deben competir con decenas de otras bailarinas para obtener el puesto y así tener la oportunidad de demostrar las habilidades atléticas y de baile que han desarrollado tras años de trabajo en estadios inmensos.

Sin embargo, pronto descubren que presentarse en eventos deportivos es tan solo una parte del trabajo. También deben realizar otras actividades que muchas veces son menos agradables: interactuar con los aficionados durante los juegos y en otros eventos promocionales, donde es común que sufran acoso sexual y manoseos.

En entrevistas con decenas de animadoras y exporristas, la mayoría de la NFL pero también algunas de la NBA y la NHL, las mujeres describieron una explotación sistemática por parte de los equipos, que obtienen ganancias por enviarlas a convivir con los aficionados antes de los juegos y a otras reuniones en las que son víctimas de comentarios sexuales ofensivos y de tocamientos.

“Cuando traes puesto un sostén que realza tus senos y una falda con flecos, por desgracia algunas veces puede dar la impresión de que es parte del trabajo”, se lamentó Labriah Lee Holt, exanimadora de los Titanes de Tennessee. “Nunca tuve ninguna experiencia en la que alguien del personal profesional o del equipo dijera algo o me hiciera sentir así. Pero sin duda lo experimentas cuando te encuentras rodeada de personas que han estado bebiendo cerveza”. Y eso sucede frecuentemente, pues a las porristas de la mayoría de los equipos deportivos profesionales se les exige convivir con los aficionados durante los juegos y en eventos promocionales.

Una exporrista de las Pieles Rojas de Washington recordó una tarea especialmente incómoda: la enviaron con otras cinco animadoras a la casa de un aficionado, donde había varios hombres bebiendo. Los directivos de los equipos saben de la situación, según las animadoras, pero no hacen prácticamente nada para evitar el acoso.

“No había ningún tipo de protección”, señaló Holt. “Tienes que hacer un recorrido por los autos, ir a las carpas, convivir con los aficionados y sacudir los pompones. Algunas veces te tocan unos viejos desagradables que ya están alcoholizados y te dicen algo totalmente inapropiado. Es común y la industria lo sabe”.

Una animadora que trabajó mucho tiempo con los Vaqueros de Dallas recordó un juego en casa en el cual las animadoras caminaron cerca de un grupo de aficionados de las Águilas de Filadelfia. “Solo caminamos por ahí, saludando y sonriendo, y uno de ellos me llamó la atención”, relató la animadora, quien prefirió mantenerse en el anonimato porque, al igual que muchas otras, se vio obligada a firmar un acuerdo legal de confidencialidad. “Se me quedó viendo y dijo: ‘¡Espero que te violen!’. Es solo un ejemplo de lo que nos gritaban. Incluso nuestros propios aficionados, ya borrachos, gritan de todo, y tú solo piensas: ‘¿Cómo es posible?’. Es parte del trabajo. Van de la mano. Se supone que debes aceptarlo”.

Ni los Vaqueros ni los Titanes respondieron a nuestra solicitud de comentarios. La NFL se negó a responder a declaraciones específicas de las animadoras. Un vocero hizo una declaración a nombre de la liga: “La NFL y todos los clubes que pertenecen a ella respaldan las prácticas de empleo justo. Los empleados de la NFL y otras personas asociadas a ella tienen derecho a trabajar en un ambiente positivo y de respeto, libre de cualquier forma de acoso”.

La exanimadora de los Vaqueros de Dallas recuerda que el equipo le enseñaba algunas frases a sus animadoras y bailarinas para que pudieran responder cuando les dijeran algo ofensivo o las tocaran de manera inapropiada. Les instruían nunca hacer enfadar a los aficionados.

“Nos dijeron que si alguien empieza a sobrepasarse, hay formas de darle la vuelta”, explicó la exanimadora que trabajó mucho tiempo con los Vaqueros. “Nos indicaban qué decir, como, por ejemplo: ‘Eso no es muy agradable’, para ser dulces y no bruscas”. Las sugerencias incluían decir: “¿Podría moverse a este lado, por favor?” o utilizar el lenguaje corporal para ayudar a bloquear el contacto.

“Nunca se muestren irascibles. Nunca. Siempre amables. Porque, si no fuera por los fanáticos, no estaríamos aquí… así debíamos pensar”, dijo la exporrista. “Ahora pienso que no, no deberían enseñarnos a manejar la situación. Deberían enseñarnos a levantar la mano y decir: ‘¡Seguridad, aparten de mí a este hombre!’. Quisiera haber podido darme este consejo cuando tenía 20 años”.

Las animadoras y bailarinas de Dallas, al igual que en la mayoría de los estadios de la NFL, debían hacer recorridos por los grupos de aficionados reunidos antes de los juegos y áreas que, en esencia, son bares improvisados. Visitaban suites de lujo y llegaron a tenerles pavor a algunas.

“Sabías que había muchísimo alcohol y que tendrían las manos sueltas”, dijo la exintegrante de la porra de los Vaqueros. “Que alguien te asiría por la cintura, te besaría en la mejilla. Sabías que eso iba a pasar, y no podías decir nada”.

¿Si se negaban?

“Te despedían del equipo”.

La mayoría de los aficionados eran decentes, recordó Lisa Kelly, quien pasó una temporada con las Panteras de Carolina hace unos diez años, mientras también trabajaba de tiempo completo como asistente legal. Sin embargo, comentó que cuando tenía que desplazarse a través de multitudes bulliciosas, por lo regular había problemas.

Las mujeres que dicen haber sido víctimas de acoso por parte de los aficionados señalaron que existe una presión inherente que las hace quedarse calladas.

“Vencimos a cientos de chicas para obtener este lugar”, subrayó la exanimadora de los Vaqueros. “Era evidente, siempre lo tenías presente: nunca faltará alguien más que pueda hacer el trabajo. Nunca hablamos de este tema, nunca los cuestionamos”.

La abogada Debra Katz, experta en casos sobre acoso sexual, señaló que el que muchos equipos de la liga exijan la firma de acuerdos de confidencialidad es un foco rojo. “Cuando empleadas que tienen poco poder los firman, genera un ambiente en el que el acoso sexual o la remuneración inadecuada prosiguen porque las personas tienen miedo a decir algo”, dijo Katz. “En cualquier profesión o industria en la que se prevé que pueda haber acoso sexual, el que haya alguien bajo un acuerdo de confidencialidad está diseñado para proteger al equipo y la imagen de este”.

Las animadoras van a hospitales, fiestas de cumpleaños, bar mitzvás, celebraciones en oficinas y supermercados para ayudar a promocionar a sus equipos. Con frecuencia se les envía sin ningún tipo de seguridad.

Pruebas para ser porrista de los Cuervos de Baltimore, en marzo de 2018.

Una exanimadora de los Pieles Rojas de Washington recordó una situación especialmente inusual.

Relató que, hace muchos años, la enviaron con otras cinco animadoras a una dirección que les proporcionó la directiva del equipo. Para su sorpresa, no era un negocio, sino la casa de un particular. Y en el interior no había ninguna fiesta, ninguna celebración de una institución de beneficencia, ni siquiera había muchas personas. Eran solo siete hombres de alrededor de cuarenta años que no perdieron tiempo en empezar a analizar a las animadoras.

“¿Bueno, quiénes son casadas y quiénes solteras?”, preguntó el dueño de la casa, según la exanimadora.

Dijo que le pareció injusto que el equipo ganara dinero gracias a las actividades de sus porristas, cuyos salarios no son enormes. Bastaba con que hicieran una llamada al equipo y los gerentes solo preguntaban: “¿Cuántas chicas necesitan y por cuántas horas?” y “¿Quieren que las chicas bailen o no?”.

“Es literalmente como un servicio de acompañantes”, enfatizó la exporrista de Washington; también recordó que le pagaban cien dólares por cada evento promocional, mientras que el equipo cobraba 1200 dólares por enviar a cada animadora. En una declaración enviada por correo electrónico, un vocero de los Pieles Rojas dijo que no estaba al tanto de reportes de alguna aparición promocional que hubiera hecho sentir incómodas a las porristas del equipo. “Seguiremos tomando las medidas necesarias para garantizar la seguridad de nuestras animadoras”, dijo.

Lacy Thibodeaux, quien fue animadora de los Raiders de 2013 a 2014, indicó que a las porristas incluso se les enseñaba cómo sostener sus pompones para bloquear a los aficionados de modo que no pudieran tocarles la cintura expuesta o para bloquear las manos de los aficionados cuando las “acercaban demasiado a nuestros traseros” durante las fotos. Aunque sí se incentivaba que las animadoras se retiraran de situaciones en las que sentían que los aficionados se estaban sobrepasando.

“Si alguien tenía manos muy inquietas, sencillamente nos dábamos la vuelta y nos íbamos”, dijo. “No obstante, debíamos dirigirnos a ellos con cortesía y decir: ‘Muchas gracias’”.