Reportera malhablada le da un giro al periodismo en la frontera de EU

12 marzo 2019

Por Simón Romero | LAREDO, Texas — Priscilla Villarreal deambula en una vieja camioneta pick-up Dodge por las calles de Laredo; hace lo posible por presenciar redadas en contra de narcotraficantes y escenarios de asesinatos para llevar sus historias sobre el lado oscuro de la frontera sur de Estados Unidos a sus seguidores.

Los raperos celebran sus exclusivas y proclaman que “se le quiere más que al alcalde de nuestra ciudad”.

“Supongo que esto me hace famosa, ¿no?”, comentó Villarreal, una mujer de 34 años que abandonó la escuela en segundo año de bachillerato, lleva la cabeza rasurada y tiene muchos tatuajes. Ahora cuenta con unos 116.000 fervientes seguidores en Facebook. Podría decirse que es la periodista más influyente de Laredo, una ciudad fronteriza de 260.000 habitantes.

El veloz salto a la prominencia de Villarreal –quien informa en un espánglish salpicado con palabrotas y se hace llamar la Gordiloca– es un reflejo de la manera en que la gente de la frontera prefiere recibir las noticias y, tal vez, ofrece una mirada al futuro del periodismo.

Para Villarreal la notoriedad representa un gran cambio. Hace apenas unos años, trabajaba medio tiempo con un equipo de desguace que se dedicaba a recuperar la chatarra de los choques donde participaban tráileres. Batallaba con la depresión y el estrés postraumático de haber perdido un bebé que nació prematuro.

Sin embargo, en 2015, Villarreal se embarcó en una segunda carrera: el muckracking, ese periodismo que investiga y destapa escándalos. Ha responsabilizado a funcionarios locales —salió victoriosa de una corrosiva batalla legal por la libertad de prensa en contra del Departamento de Policía de Laredo— y ha desenterrado historias que nadie contaba. Las llama “noticias en movimiento”.

Sus seguidores la detienen en la calle para pedirle autógrafos y selfis; los restaurantes de Laredo la contratan para anunciar su comida.

“Aquí ya es como una heroína popular”, comentó Daxton Stewart, un profesor de Periodismo que se especializa en Derecho de Medios en la Universidad Cristiana de Texas en Fort Worth. “Lo fascinante es que lo hace a la antigua, pero con nuevas tecnologías: da las noticias que las autoridades simplemente no quieren que salgan a la luz”.

Entre sus historias recientes se encuentra un caso terrorífico de abuso infantil (“¡¡Adolescentes que tienen bebés!!”, opinó), el arresto del superintendente de una escuela en Waco por posesión de marihuana (“¡¡Hagamos una petición en Laredo para que no pierda su trabajo!!”), allanamientos en casos de drogas y desagradables accidentes de tráileres.

Villarreal transmite en vivo en Facebook desde la escena de una volcadura de tráiler.

Villarreal reporta por completo en Facebook, a menudo a través de transmisiones de video en vivo en su página desde su iPhone. Algunos la siguen por su estilo directo y violento a la hora de informar —en el que mezcla hechos con chismes—, pero mucha gente en Laredo agradece sus destapes sobre la corrupción pública en una ciudad con una abundante cantidad de denuncias de sobornos, que además son el blanco de una investigación del FBI.

En febrero, por ejemplo, le ganó la nota a la competencia con un reportaje sobre un exinvestigador de la policía de Laredo que estaba acusado de aceptar dinero de las apuestas cuando se allanaban casinos con máquinas tragamonedas y a quien después le permitieron renunciar cuando lo confrontaron con los hallazgos.

La competencia tardó días para por fin alcanzarle el paso a Villarreal y obtener la historia sobre Anthony Carrillo Jr., de 47 años, un veterano con veintiséis años en la fuerza policiaca, cuando este fue acusado de corromper evidencia y abusar de su cargo.

En diciembre de 2017, oficiales de la policía de Laredo arrestaron a Villarreal y la acusaron de dos cargos de mal uso de información oficial, un crimen de tercer grado. Afirmaron que los delitos estaban relacionados con una nota sobre el suicidio de un supervisor de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza ocurrido en 2017, en la cual Villarreal publicó el nombre del difunto.

Meses antes de su arresto, el departamento de policía también había perseguido a las fuentes de otras filtraciones que Villarreal había obtenido. Identificaron a una policía —una mujer que había trabajado en la fuerza durante diecinueve años— que se convirtió en sospechosa de haber proporcionado información después de que buscaron en su teléfono y encontraron cientos de intercambios de llamadas con Villarreal.

El departamento suspendió veinte días a la oficial y en un comunicado mencionó que el caso en contra de Villarreal involucraba una “obligación para proteger el derecho a la privacidad de una persona cuando está relacionada con información delicada”.

El juez de distrito que examinó el caso de inmediato desestimó los cargos en contra de Villarreal, pero la batalla legal la dejó con sentimientos encontrados sobre su trabajo.

“El caso me volvió aún más conocida en Laredo y ahora me contactan más fuentes”, comentó. “Pero sigo con miedo y los que me dan más miedo no son los criminales o los traficantes. Es el Departamento de Policía de Laredo”.

Como no tiene editores que revisen su trabajo, Villarreal realiza casi todos los reportajes por su cuenta. La única persona que a veces le ayuda a monitorear acontecimientos en Laredo es su madre, Maricela Rodríguez, de 55 años, una migrante que cosechaba betabeles en Minnesota para mantener a su familia.

“Todavía estoy aprendiendo a decir cosas como ‘supuestamente’ o ‘se rumora’ cuando estoy describiendo noticias de última hora”, reconoció Villarreal. “Es un reto, porque hablo el idioma de la calle y por eso me siguen”.

Villarreal, sentada, saluda a su seguidora Hilda Peña, de 72 años, con Maricela Rodríguez, de 64 años, en un restaurante de Laredo.

Mientras en esta parte de Texas los periódicos recortan personal y recursos, Villarreal persevera. Gana un poco de dinero promoviendo algunos restaurantes que frecuenta, aunque no el suficiente para remplazar su camioneta Dodge Ram de 1998, la cual compró usada por 700 dólares y a la que llama de cariño el Demonio Azul.

“Por alguna razón, hacer reportajes me parece terapéutico”, admitió Villarreal, tras describir la grave depresión que le causó la pérdida de su bebé hace una década. Villarreal afirmó que a raíz de eso había subido unos 45 kilos y había intentado suicidarse cortándose la muñeca.

Según Villarreal, una parte que no le gusta del trabajo son los que llama “mis odiadores”. Algunos entran en su página de Facebook y se burlan de su apariencia o de su comportamiento. Otros expresan repulsión por las palabras malsonantes que usa. De hecho, muchos de sus reportajes tendrían problemas para ver la luz en las páginas de un periódico familiar.

“Una de cada dos palabras que salen de su boca es obscena”, acusó Abundio René Cantú, el abogado de una guardería de Laredo que demandó a Villarreal por difamación después de que ella informó que los niños del lugar eran maltratados. Villarreal está apelando una primera resolución en su contra.

“Es una mujer que no tiene ningún respeto por el Estado de derecho o el debido proceso”, denunció Cantú. “Creo que es peligrosa para esta comunidad porque interfiere con el cumplimiento de la ley”.

Hace poco tiempo, cuando Villarreal declaró su oposición en contra del presidente estadounidense, Donald Trump, y sus planes para un muro fronterizo, algunos conservadores de Laredo cuestionaron si era una inmigrante sin papeles (los abuelos de Villarreal son de México y ella nació en Estados Unidos).

La mayor parte del tiempo, Villarreal no hace caso a sus detractores. Un día reciente, Villarreal merodeaba por la ciudad en el Demonio Azul, con la música a todo volumen mientras cantaba canciones de bandas de tex-mex como Siggno.

Tras detenerse a almorzar a unos pasos de la frontera, en La Posada Hotel, Villarreal fue reconocida rápidamente. Algunos de los comensales se detuvieron para darle un abrazo y expresarle buenos deseos sobre una nueva revelación: Villarreal está embarazada. Otros se formaron para tomarse una selfi con ella.

“Soy una de tus mayores seguidoras”, le dijo Hilda Peña, de 72 años, a Villarreal después de que se acercó para que se tomaran una fotografía. Peña, una administradora jubilada de servicios financieros dijo que Villarreal se había ganado su admiración el año pasado con su reportaje sobre Juan David Ortiz, el agente de la Patrulla Fronteriza acusado de asesinar a varias mujeres en Laredo (de acuerdo con los investigadores, Ortiz confesó cuatro homicidios; se declaró inocente).

“Cuando ese asesino en serie estaba libre, me pregunté si debía conseguir una pistola”, comentó Peña. “Pero la Gordiloca dejó bien claro cuando la situación estuvo bajo control”.