Dos bodas, un divorcio y un rastro de sangre

8 septiembre 2018

Por Michael Wilson | FORT LEE, Nueva Jersey — Una tarde de octubre, un joven con una gorra de béisbol estaba sentado dentro de su auto convertible en el carril para hacer un pedido desde el automóvil en un Dunkin’ Donuts cuando se acercó desde atrás un hombre con un bate.

El desconocido lo golpeó en la cabeza y corrió. El conductor joven, sangrando y confundido, aceleró en el automóvil y chocó contra otro vehículo sobre la avenida Bergen.

El ataque fue repentino y brutal, pero la historia del motivo venía de años atrás. Lo que el corazón dicta es un tema que no tiene caducidad y muchos actos de venganza no pueden ser resumidos con sencillez en los reportes policiales. En este caso, la cadena de sucesos que llevó al ataque fue una serie de eventos cada vez más extraños.

Empezó con un hombre solitario que tenía bastante dinero ahorrado y con una joven que terminaría por separar a ese hombre del dinero. Su nombre era Jerry Needleman, un hombre viudo que tenía 84 años el 5 de agosto de 2013 cuando salió de su departamento en Manhattan y se topó con una mujer desconocida que lucía desconsolada.

“Dijo que acababa de terminar una relación en Massachusetts con un hombre que la golpeó y la violó”, contó Needleman, ahora de 90 años. “Había estado en varios hospitales, pero no tenía dinero y necesitaba cuidar de sus dos hijos”.

Needleman entonces le propuso ayudarla a conseguir un departamento. Ella se llamaba Sylvia Anderson y tenía 38 años. El hombre firmó como su aval para que ella pudiera vivir en un lugar cerca del suyo y le ofreció prestarle para los primeros meses de renta.

Anderson le dijo que era kalderash, de la comunidad romaní. “No sabía nada del mundo”, dijo Needleman. “Una vez le enseñé un mapa y no parecía saber qué estaba viendo”.

Él quedó impresionado con los hijos de Anderson, sobre todo con Geno, de 19. Cuando el joven le dijo que quería casarse y que necesitaba 60.000 dólares para pagar la dote de su enamorada, Needleman le dio el dinero. Siguió desembolsando grandes sumas para Anderson y su hijo. Needleman parecía ignorar los focos rojos.

Luego la boda de Geno se desmoronó. Pero conoció a otra chica y, de nuevo, necesitaba 60.000 dólares para la dote. Needleman, otra vez, le dio el dinero; cuando el casamiento no sucedió y Geno necesitaba el dinero para otra supuesta dote, Needleman la pagó.

Los amigos del viudo estaban preocupados. “Jerry no es un hombre joven y ella era atractiva”, dijo Mike Stern, de 78 años y amigo de Needleman. “De inmediato me causó sospechas”.

Stern no fue el único que intentó advertirle a Needleman que la situación le parecía problemática: un detective de policía visitó al viudo poco tiempo después para decirle que, según otra investigación, Needleman parecía ser víctima de una estafa y le pidió presentar una denuncia para armar el caso.

Needleman no hizo caso. “Ella ha tenido una vida difícil y creo que si la ayudo a tener una vida mejor, ella será una mujer decente”, le indicó al detective.

Luego Anderson le propuso a Needleman que se casaran. Lo hicieron el 8 de septiembre de 2015, en una ceremonia civil.

“Pensaba: ‘Jerry, ¿qué estás haciendo?’”, dijo Stern, quien fue el padrino. “Pero lo hizo”.

El establecimiento de Dunkin’ Donuts en Nueva Jersey donde fue atacado un joven con un bate de béisbol

La llegada de Danny Champs

El matrimonio de Needleman y Anderson no era uno feliz. Él recuerda que no había romance, no había sexo y Anderson siempre estaba en otros lugares, excepto cuando decidió redecorar la sala de estar del departamento de Needleman, que no había cambiado desde su primer matrimonio, en 1958. A Needleman no le gustó nada.

Pero el cambio más sustancial se dio fuera del departamento. Anderson, en algún momento, se había reencontrado con un hombre que conocía desde que ambos eran adolescentes, Danny Eli, a quien los demás llamaban Danny Champs. Y, en secreto, Anderson estaba rentando un departamento con él cerca del de Needleman.

Anderson redecoró la sala de estar de Needleman. 

Cuando el viudo descubrió esto, en mayo de 2017, pidió el divorcio por adulterio y denunció a Anderson por una “estafa de más de 1.836.725 dólares”.

Sin embargo, Anderson se rehusó a desaparecer. Le pidió a Needleman que reconsiderara y le aseguró que todo iba a cambiar. Entonces, el 24 de agosto del año pasado, se volvieron a casar (esta vez sin padrino).

Y los cambios prometidos no sucedieron. “Todo fue igual”, dijo Needleman, incluidas las solicitudes constantes de dinero. La relación se desmoronó poco tiempo después, pero el drama, no.

Golpes y conmoción

La presencia de Anderson en Manhattan había desatado extraños sucesos del otro lado del río Hudson, en Nueva Jersey. Porque la mujer tenía una historia tormentosa con otro hombre, Sonny Nicholas, el padre de Geno con quien ella se había fugado a los 18. Todos llamaban Gordo a Nicholas.

Él estaba enfurecido por la relación de Anderson con Danny Eli, o Danny Champs. (No por Needleman, porque ese matrimonio era algo conocido en la familia). Decidió vengarse de Eli.

El 31 de octubre Nicholas y Geno manejaron al hogar de Eli en Nueva Jersey y esperaron a que saliera de su casa.

El vecino de Eli era Charbel Chaoul, de 28 años, quien estaba estudiando para ser doctor. El mismo día que Nicholas y Geno llegaron a esperar al hogar de Eli, Chaoul recibió una visita de su hermana, cuyo automóvil bloqueó el suyo. Cuando Chaoul propuso ir por algo de comida al Dunkin’ Donuts, tuvo que maniobrar su auto hacia la entrada de la cochera de su vecino, Eli.

Charbel Chaoul, de 28 años

Para aquellos dos que estaban estacionados en la calle, parecía que ese convertible era el de Eli. Poco después se dio el ataque con el bate de béisbol.

“Se sintió como si un asteroide me hubiera caído en la cabeza”, dijo Chaoul. Intentó escaparse metiéndose al tráfico, donde chocó con otro auto. Los trabajadores de emergencia pensaron que sus heridas se debían al accidente, pero pronto se dieron cuenta de que la razón era otra debido a las heridas craneales.

La policía abrió una investigación y nueve días después arrestaron a Nicholas y a su hijo a partir de evidencia en video. Fueron acusados de intento de homicidio; caso que está pendiente.

Otro arresto y un patrón

Meses después del ataque, Chaoul estaba recuperándose; batallaba por estudiar para tomar el examen de ingreso a la facultad de medicina y necesitaba hacerse pruebas constantes.

Hasta que el 22 de junio alguien tocó a su puerta: era la policía y querían arrestar a un hombre acusado de tener miles de imágenes de pornografía infantil en su computadora, que aparentemente había compartido. Buscaban a Chaoul.

Fue arrestado y liberado bajo fianza. Él asegura que su conducta se debe al golpe. “Mi mente no estaba igual y me topé con un mundo que deseo nunca haber encontrado”, dijo.

Mientras, Needleman sigue en su departamento —con la decoración que odia— para intentar entender qué sucedió. Contrató a un investigador privado para averiguar lo que pudiera y resultó que Anderson había utilizado otros nombres en otros estados.

Solicitó el divorcio, por segunda ocasión.