El engaño de Puigdemont en su intento separacionista

5 noviembre 2017

Por Manuel Mejido | Posiblemente por primera vez, las naciones del mundo se unieron en contra de un grupo de traidores que pretendían separar a Cataluña de España.

El autonombrado presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, cuando vio el repudio internacional y la posibilidad de ser encarcelado por haber cometido alta traición, junto con cinco cómplices huyó a Bruselas, capital de la Unión Europea.

Puigdemont eligió a Bruselas para refugiarse, muerto de miedo, porque esa ciudad belga es el asiento la comunidad europea, que también le negó reconocimiento a la inexistente república catalana y a su también inexistente presidente.

México fue el primer país del globo en anunciar públicamente que no reconocía ni reconocerá la República Catalana, surgida de una consulta amañada, ilegítima y tramposa.

El cobarde Puigdemont con un grupo de traidores y muchos miles de engañados con la utopía republicana, quiso borrar de un plumazo que Cataluña por convicción propia se anexó a España en 1714, cuando se estaba integrando esa nación después de los 800 años de dominación árabe, que alcanzó a toda España salvo Asturias, donde no pudieron entrar los sarracenos.

La mentalidad del catalán es tramposa porque se dicen que tienen raíces con los suizos y los franceses, pero se consideran tan superiores a ellos como a los españoles.

Esta peculiaridad de ser lo que no son y ubicarse por encima de su realidad es lo que ha desembocado en la faramalla de una República creada, desarrollada y destruida en la propia imaginación de los líderes catalanes.

El español es un idioma que hablan más de 600 millones de personas en todo el mundo, en tanto que el catalán no tiene más de un millón de parlantes.

LAS LIBERTADES PERMITIDAS A CATALUÑA

Es muy común escuchar, sobre todo en México, cuando un grupo de catalanes está en alguna reunión con hispanoparlantes y los catalanes lo hacen, conociendo la lengua de Cervantes, en catalán, que para muchos no es más que un dialecto del español y el francés.

También, dentro de la autonomía a las comunidades permitida en la constitución española de 1978, se autorizó a Cataluña ondear su bandera, que es una mala copia de la rojo y gualda de la nación a la que pertenecen.

Además de contar con un idioma y una bandera regional, los catalanes entonan su himno antes que el español, cuando la Constitución española es muy explícita en esos aspectos que primero es España y, después, sus provincias.

La labor soterrada y traidora de los extremistas catalanes que se apoderaron de la llamada Generalita, trabajó en la oscuridad durante muchas décadas, pensando que al proclamarse República daban un golpe maestro para la posteridad.

Nada más lejano de la realidad que la separación de Cataluña de España, porque de inmediato que se conoció la barrabasada de Puigdemont y su mafia separatista, empezó México a reprobar el acto y siguieron todos los países de la Unión Europea, Estados Unidos e Iberoamérica. Hasta Rusia lo hizo con su política de sí no y no sí.

La respuesta que obtuvo el autoproclamado presidente Puigdemont desde el 27 de octubre, cuando anunció unilateralmente la independencia, fue contundente y adversa.

La Primera Ministra alemana, Angela Merkel, les advirtió que ni ahora ni en el futuro pertenecerán a la Unión Europea ni al sistema del euro.

Inglaterra, la vieja enemiga de España desde que un temporal venció a la Armada invencible que Felipe Segundo envió a Gran Bretaña para someterla, estuvo en contra de los separatistas catalanes y se mostró firmemente a favor la unidad española.

LOS CAPITALES AMENZAN ABANDONAR CATALUÑA

Los catalanes parecen desconocer que la mayor parte de su población es española o pro hispana y quiere quedarse con España, porque resultaría imposible iniciar una nación sin una moneda aceptada en el mundo y sin inversionistas.

Más de 700 empresas y bancos de la mayor importancia mundial, ante la barbaridad cometida por Puigdemont, cambiaron su sede a Madrid, ante el peligro que representa la revuelta separatista.

El espíritu separatista en Europa no tiene la aceptación que pretenden darle los políticos mañosos y sinvergüenzas que están siempre listos para provocar situaciones que los conduzcan al poder y al dinero.

El 18 de septiembre de 2014, en un referéndum nacional los escoceses votaron su separación de Gran Bretaña. El resultado, aunque muy apretado del 55% en contra de constituirse como una nación independiente, fue respetado y Escocia no se separó, obtuvo más de cuatro millones de votantes, lo que nunca tendrán los separatistas catalanes.

España fue constituida como una unión de reinos que se enlazaron a raíz de que los reyes católicos expulsaron del territorio español al último sultán de Granada.

Se ha especulado mucho sobre el futuro de Puigdemont que eligió Bélgica para su posible asilo político, porque no debe olvidarse que Bélgica fue el único país que protegió diplomáticamente a terroristas de la ETA.

Una forma de medir la magnitud de la barbaridad cometida por Puigdemont que pretendió independizar 32 mil kilómetros cuadrados que ocupa la provincia de Cataluña, es el imaginario símil de que Chihuahua pretendiera convertirse en República independiente, como ocurrió con Texas cuando se perdió para el entonces estado de Coahuila y Texas.

Chihuahua, siempre en el supuesto de que su gobernador y su Congreso, especialmente, pretendieran separar los 247 mil kilómetros cuadrados del resto de la República Mexicana, tendría oportunidades de vida para sus habitantes y más territorio del que disponer que Puigdemont y los separatistas catalanes.

Mariano Rajoy y el resto de las autoridades españolas, no pueden mostrar debilidad con el traidor Carles Puigdemont y sus lugartenientes, que ya han empezado a poner pies en polvorosa para escapar de la justicia española.

Ningún Estado legalmente constituido puede aceptar actos de sedición ni de sublevación, aunque pretendan hacerlos pasar como democráticos, sin imponer severos castigos de prisión para los infractores.

Si Puigdemont y sus mafiosos hubiese cometido un acto de esta naturaleza en tiempos de guerra, el castigo sería el paredón.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.