El Reflejo Semmelweis

6 octubre 2019

Por Hugo Salinas Price | Como un ejemplo del enorme daño que le hacen a la humanidad hombres y mujeres que se sienten dueños de la Verdad, presento el caso del Doctor Ignaz Semmelweis.

En el año 1847, el Dr. Semmelweis trabajaba en el hospital de Viena, dedicado al cuidado de mujeres a punto de dar a luz. La tasa de mortalidad en el hospital, causada por fiebre puerperal, era tan espantosa que muchas mujeres optaban por dar a luz en casa, con la ayuda de parteras, para evitar la probabilidad de muerte en la clínica donde practicaba medicina el Doctor Semmelweis.

Abreviaré el relato – para mayor información, ver wikipedia.org.

La tasa de mortalidad para mujeres que daban a luz en el hospital de Viena, en el mes de abril, de 1847, fue de: 18.3%!

Sin embargo, sucedió algo que alteró la carrera médica del Dr. Semmelweis: durante una autopsia que se efectuaba sobre el cadáver de una mujer recién fallecida, un estudiante que hacía el examen, en forma repentina volteó hacia un doctor que lo acompañaba, y sin querer lo picó con su escalpelo. Pocos días después, falleció el médico, con todos los síntomas de la fiebre puerperal que estaba matando a tantas mujeres.

El Dr. Semmelweis tomó nota, y pensó que alguna «sustancia cadavérica» había sido transmitida al fallecido médico por el escalpelo que atravesó su piel, y de inmediato instituyó la práctica de que todos los médicos se lavaran las manos con una solución de cal clorada. (En aquellos tiempos, se desconocía totalmente, la transmisión de enfermedades por microbios.)

Como resultado de esta medida, en el mes siguiente, mayo de 1847, la tasa de mortalidad no superó el 5%, y en meses subsecuentes bajó hasta 1%. En el año 1848, la tasa de mortalidad nunca superó el 5%, y hubo dos meses en los cuales no ocurrió muerte alguna.

El Dr. Semmelweis organizó una Conferencia, a la cual invitó a todos los más distinguidos médicos de Viena; su mensaje para ellos fue: «¡Lávense las manos!» Los distinguidos médicos tomaron esta recomendación como ¡un insulto!

El éxito del Dr. Semmelweis salvó la vida de innumerables mujeres en el curso de los años, y sin embargo su recomendación de limpieza escrupulosa fue totalmente ignorada por todos los médicos, así como por los Académicos estudiosos; su éxito en salvar las vidas de tantas mujeres, no recibió reconocimiento alguno. La vanidad presuntuosa de quienes ostentaban títulos acreditados los llevó a negarse a reconocer los hechos.

No nos debe sorprender el rechazo que recibió el Dr. Semmelweis, por tener la osadía de afirmar que la limpieza era de suma importancia, al tratar con mujeres que daban a luz. Porque hoy también sucede, todos los días: los que operan dentro de parámetros generalmente aceptados, en otros campos, se niegan a tomar en cuenta hechos que contradicen sus ideas preconcebidas.

Tan grande fue el rechazo al Dr. Semmelweis, que abandonó la ciudad de Viena y regresó a su ciudad natal, Budapest, Hungría, en el año 1850, para trabajar ahí, en mismo campo de la obstetricia. Durante el período 1851 -1855, de las mujeres bajo su cuidado, sólo ocho fallecieron de fiebre puerperal, entre 933 partos exitosos – 0.85%.

Con el tiempo, y como resultado del odio hacia él, así como de la necia falta de reconocimiento del gran éxito que había logrado, al salvar de la muerte a tantas mujeres, el Dr. Semmelweis sufrió un colapso nervioso, y su conducta se volvió notablemente antisocial. El 30 de julio, de 1865, recibió una invitación a visitar un manicomio. Al momento de estar en el asilo, fue detenido e internado. El 15 de agosto, a la edad de 47 años, y a los quince días de su detención, murió el Dr. Semmelweis de una herida en la mano, que se supone sufrió al intentar fugarse del manicomio.

Wikipedia.org dice: «El rechazo de las observaciones empíricas del Dr. Semmelweis, con frecuencia se atribuye a la persistencia de creencias, la tendencia psicológica de aferrarse a creencias desacreditadas. Asimismo, algunos historiadores de la ciencia afirman, que con frecuencia hay negación a aceptar contribuciones nuevas de parte de científicos desconocidos, mismas que abren nuevos caminos, y que ésta «constituye por sí sola, la barrera más formidable a los avances de la ciencia.»

Y aún más: «El célebre Reflejo Semmelweis – una metáfora para cierto tipo de conducta humana, caracterizada por un rechazo, parecido a un reflejo, hacia nuevos conocimientos porque contradicen normas arraigadas, creencias, o paradigmas – lleva el nombre de Semmelweis, cuyas ideas fueron ridiculizadas y rechazadas por sus contemporáneos.”

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Nuestro mundo está muy enfermo. Si no se cura, probablemente llegará a un estado caótico, y en ese estado se incitará a una guerra mundial, para canalizar el descontento político hacia la destrucción; la causa del colapso de la paz, y el conocimiento de una alternativa que pudiera restablecer algo de orden en el mundo, serán olvidados. Habrá comenzado una Era de Oscuridad.

La causa de la fiebre puerperal en Viena, en 1847, fue la sepsis, o sea, la infección provocada por las manos sucias de los médicos.

La causa del colapso próximo de las economías del mundo, es el dinero fiat – dinero falso, ficticio – que aceptan casi todos los economistas acreditados.

Los Presidentes de este mundo, y sus Banqueros Centrales, sus Economistas, sus Ministros y Secretarios diversos, todos con Posgrados en «Economía», no querrán escuchar, por ningún motivo, la plegaria: «¡Denos dinero verdadero con qué trabajar – de oro, o de plata, o de ambos – pero danos dinero verdadero, no esta basura de dinero ficticio!»

Los que están en el Poder, no quieren escuchar, como no quisieron «lavarse las manos» y dejar de matar a sus pacientes, los gordos y presumidos doctores vieneses en 1847.