No es vicio, es evolución: por qué las mujeres necesitan más de un hombre

2 abril 2018

El mito de que las mujeres buscan ‘por naturaleza’ a alguien que las acompañe toda su vida sigue siendo alarmantemente popular. Estos científicos creen todo lo contrario.

Por Raquel Márquez | Da igual que la realidad se empeñe en mostrarnos mujeres sanas y felices que cambian de pareja con frecuencia, que los datos obvios a nuestro alrededor las señalen a ellas como las que más a menudo deciden divorciarse, las que menos se conforman con los defectos de sus compañeros y las que con menos esfuerzo reconstruyen su vida sentimental después de una ruptura. Muchos siguen empeñados en la postal prehistórica falseada en la que las mujeres son pasivas recolectoras esperando a su hombre en la cueva toda la vida mientras él encuentra tiempo, no se sabe cómo, entre mamut y mamut para cazar otro tipo de presa de carne más suave un día sí y otro también.

Que las mujeres tuvieran a otros hombres de reserva además de su pareja era una forma inteligente de asegurar el futuro de la especie.

En realidad, como ha dicho el doctor David Buss al ‘Sunday Times’, “la monogamia para siempre no caracteriza a los patrones básicos de apareamiento de los seres humanos”. Buss es el autor principal de un nuevo estudio científico de la Universidad de Texas que puede suponer el fin de la hipótesis de que la evolución humana haya tendido a la monogamia.

Patrón básico humano

Esta idea es en gran parte un prejuicio heredado, y no hay estudios serios que demuestren que estamos más predispuestos genéticamente a la monogamia que al resto de opciones. De hecho, una de las más interesantes conclusiones de estos investigadores es que “romper con alguien y emparejarse de nuevo podría ser una de las características más comunes en la forma de aparearse humana, si no la estrategia más importante de todas“, dice este científico.

No es nada moderno que las mujeres estén interesadas en cambiar de hombre, sino fruto de nuestra adaptación al medio desde tiempos inmemoriales, y probablemente era aún más habitual en los primeros pobladores humanos: “Para nuestros ancestros, que sufrían enfermedades, una dieta pobre y cuidados médicos mínimos y tenían una esperanza de vida menor a los 30 años, cambiar de pareja sexual y buscar una más adecuada era necesario”.

Para la especie, no es tan malo. (iStock)

No es que nos aburramos más o busquemos más el placer “egoísta”, es que era básico para sobrevivir y evolucionar como especie. Recientemente hablamos en ‘El Confidencial’ del fenómeno de la recámara amorosa: personas a las que echamos el ojo por si nuestra pareja actual termina. Las mujeres, aunque no siempre lo reconozcan, son tan dadas a esto como ellos, y según este estudio “están predispuestas” a tener estos “planes B“.

Seguro de emparejamiento

La infidelidad tampoco hubiera molestado especialmente a Darwin en términos científicos. Que las mujeres sean infieles es útil, e incluso es de mortal necesidad: en los tiempos más duros de nuestra historia, cuando los hombres no resultaban demasiado seguros como parejas estables. Según Buss, “podían morir, aparearse con otras, abandonarlas o simplemente perder valor como compañeros”. Tener a otros hombres de reserva no era un obstáculo para el bien de todos sino lo contrario, una forma inteligente de mejorar el futuro, como un “seguro de emparejamiento” en palabras de Buss.

La idea de que las mujeres necesitan retener a un solo macho para siempre mientras que ellos necesitan ser infieles y sustituirlas a la primera de cambio está detrás de muchos errores personales e históricos. A la vista de los datos que tenemos, puede que haya llegado la hora de dejar de cometerlos.