¿Ser esposa o ser amante? Esa es la cuestión

5 marzo 2018

En esta semana cuando regresaba del trabajo y me dirigía hacia mi casa, escuchaba en la radio una emisora que invitaba a sus radio-escuchas a llamar y confesar si habían tenido “amante” o habían desempeñado el papel de “amante” en cualquier momento de su vidas y como es muy usual en estos programas,  muchas personas llamaron y contaron sus historias, historias muy singulares y de todo tipo con lo cual yo podía concluir que definitivamente en este mundo si hay gente para todo, ¡qué cosas!

Mientras escuchaba las historias me empecé a preguntar, -aclaro, soy casada-, cuál de los dos roles sería el más chévere, si el de ser la esposa o ser la otra” (también llamada “amante” o “moza”), y al escuchar a las personas, cada una justificando su posición de haber tenido o haber sido “amante”, empecé a enlistar las características de cada rol y este fue el balance:

ESPOSA

  • Es el amor oficial.
  • Es la encargada de la casa:
    • Debe tener siempre calientita la comida cuando llegue su amado esposo.
    • Debe lavar y plancharle la ropa, y si por acaso tiene empleada doméstica, se omite lo anterior y solo se encarga que su ropa se encuentre en el closet, pero cuando no encuentre alguna prende en su sitio, debe tener GPS para localizarla inmediatamente.
    • Debe mercar y tener la nevera bien abastecida.
  • Encargada de lidiarle las borracheras al esposo: hacerle bebidas especiales para el guayabo, mantenerlo bien hidratado y consentirlo.
  • Es la persona que le da “cantaleta” por todo al esposo.
  • Anfitriona de todas las reuniones de la casa: cumpleaños familiares, fiestas de fin de año, reuniones de oficina, etc.
  • La enfermera de cabecera.
  • Es la sacrificada cuando hay problemas financieros, es decir, cero compras de ropa, zapatos, bolsos y cremas anti-todo (anti-arrugas, anti-celulitis, anti-estrías, etc). Ah, y debe hacer maravillas con los pocos centavos que llegan a la casa. Durante esta temporada de “vacas flacas” nada de pensar en vacaciones, ni regalos suntuosos.
  • Importante: también debe trabajar para pagar todos los gastos que conlleva el “hogar”.
  • No debe quedarse horas extras en la oficina, ¡no, no, no! Debe salir muy puntual y correr (literalmente) para llegar a atender los hijos, pues para su esposo, si es normal que él sea quien deba quedarse hasta tarde realizando trabajo adicional.
  • No le alcanza el tiempo para realizar todas las actividades que debe desempeñar como esposa, madre, ama de casa y ejecutiva.

AMANTE

  • El amor “ocasional” del esposo.
  • Con la que sale frecuentemente a restaurantes, bares o rumbeaderos.
  • La que lleva a sus viajes de negocio.
  • La que llenan de regalos en cada encuentro.
  • A la que le pagan el arriendo y todos sus gastos personales.
  • No trabaja para estar siempre disponible para él.
  • Se mantiene en spas y centros estéticos.
  • Le sobra bastante tiempo para todo.
  • No tiene derecho a exigir nada, ni horarios, ni tiempo y mucho menos un hogar.

Al concluir estas características, me siento en el lugar equivocado. Eso de ser la amante, esta muy bueno, ¿no?. Que te llenen de regalos, que te paguen todo, tener tiempo de sobra….¡que chévere! Pero una amiga, sin tapujos, me salió con esto:

A pesar de las desventajas, aparentes, de ser esposa, aquella, la supuesta sacrificada, no tiene que esconderse, no le debe nada a nadie, ni a ella ni a Dios, su conciencia permanece tranquila de estar al lado de alguien a quien quiere y entrega todo sin tener que entrar en los menesteres de sufrir por dañar la vida de los demás o sufrir porque le dan solo minutos de amor.

¡Plop! me mató. Y pues la verdad, más allá de las cosas materiales que como amante puedo obtener, y teniendo en cuenta que mi amiga me conoce muy bien, no desempeñaría muy bien el papel de amante, no me gustaría que me atendieran por raticos y sí que menos, tomar lo que no es mío, no lo haría por principio y por el amor que me tengo.

Es que amigas, así debe ser, no nos debemos conformar con poquitos, con limosnas, con ser la segunda. Todas y cada una de nosotras valemos mucho para permitirnos vivir a escondidas y dejar que un hombre nos use, porque cuando nos convertimos en amantes, le damos poder a él para que haga con nosotras lo que quiera. Todo giraría alrededor de él y nosotras nos convertiríamos en marionetas que saldríamos cuando él quiera tener alguna función especial. Creo definitivamente que no, que nada bueno nos deja una experiencia como esta, solo amargura y el haber hecho daño a alguien, y según las leyes de la vida y lejos de tu propio bienestar, por el contrario  habrás creado un karma que tarde o temprano harás de pagar.