Un Conde roquero de 2 metros de estatura

9 enero 2014

Danny Koker es de esas leyendas vivientes dentro del estrambótico mundo de los autos modificados, su pasión llega desde autos como Thunderbirds y Corvettes clásicos hasta motocicletas Harleys, una de los métodos para adquirir estas máquinas es algo único, el tipo se pasea con su grúa modificada por toda la ciudad de Las Vegas y busca cual sabueso a su presa un auto que le pudiese interesar, no importa si está fuera de una casa, en el estacionamiento de un centro comercial o en plena calle cuando alguien lo va conduciendo.

“No me gustan los carros de Rápidos y Furiosos, eso no es lo mío”, dice Danny ‘El Conde’, uno de los restauradores más famosos de Las Vegas y que protagoniza el programa Locos por los Autos. “Me gusta intervenir carros que tengan alma”, comenta.

Koker mide 2 metros de estatura, tiene el pelo largo, tatuajes y le encanta vestir de negro. “Antes de todo esto de la TV yo atravesaba el desierto en mi moto, con una buena dosis de rock. También amo el cine de horror y soy un hombre chapado a la antigua”, comenta mientras saca de su bolsillo un modesto teléfono celular gris, un equipo de hace unos 20 años.

Pero lo que le obsesiona es buscar, transformar y entregar modelos clásicos como si fueran nuevos. Eso se ve en Locos por los Autos, que por el canal de TV paga History.

Ha trabajado para músicos como Ozzy Osbourne, Rob Zombie o Ziggy Marley (hijo de Bob Marley), quien se le apareció con el último Mercedes Benz que tuvo su padre antes de fallecer.

“Fue todo un reto arreglar el auto de Marley… era de una leyenda de la música, pero lo logramos”, recuerda Koker, que le cobró a Ziggy 60 mil dólares por el trabajo.

“El dinero es importante, pero lo mejor es ver el rostro de la gente cuando esa máquina de cuatro ruedas vuelve a la vida. Es como reactivar una conexión emocional: eso es más valioso que cualquier cosa”, explica este Conde, adicto a su trabajo, a sus carros y a sus motos.

“Algunos aman las drogas, otros el juego o el licor, pero yo de verdad necesito una intervención o un trabajo con algún psiquiatra, pues nunca paro de adquirirlos. Nunca es suficiente cuando se trata de tener uno. Este es un asunto grave, pero me encanta y se lo debo a mi padre, que fue quien me introdujo en el medio”.

Reconoce que se ha accidentado muchas veces (sobre todo en algunas de sus 78 motos). “Gracias a Dios nunca he destrozado totalmente ninguno de mis carros, son riesgos y gajes de tener esta pasión”.

En cuanto al programa de TV, asegura que la acogida que ha tenido se debe a que no se queda solo con los tecnicismos mecánicos, sino que muestra un poco de la vida diaria en su taller, así como su excéntrica vida de roquero.

“Hay sentimiento y amor en este show”, insiste el hombre que es capaz de instalar el motor de un Corvette para darle nueva vida a una camioneta Ford vieja y que adora un auto funerario, modelo 50, de su colección privada.

“A veces duermo en él. Me encanta el terciopelo rojo de su interior”, bromea.