De la guerra de Calderón a la contrición de AMLO

10 febrero 2019

Por Manuel Mejido | El gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que llegó a la Presidencia de la República con la máxima calificación en las urnas, para regir el destino del país, se encuentra sumergido en la destrucción sistemática de todo lo que huela al viejo régimen.

AMLO inició su administración cancelando la obra monumental del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco. Se trata de una decisión consumada, pero no debidamente aclarada. Miles de millones de pesos se encuentran enterrados en la Ciénega del lago.

También cerró Los Pinos, el máximo símbolo del presidencialismo priista, iniciado con Lázaro Cárdenas y sostenido durante la “docena trágica” del panismo.

Hasta los “comecuras” que debían manifestar su laicismo antes de llegar a los cargos de importancia nacional, fueron desplazados por la nueva ideología que ha incluido en su lenguaje palabras como alma, acto de contrición o si dios quiere, que antes estaban absolutamente prohibidas y no formaban parte del lenguaje oficial.

López Obrador no sólo ha buscado acabar con los viejos íconos del priismo y formar los propios. Pretende eliminar de un solo tajo, todos los programas sociales y asistenciales, sin importar si funcionaron o no. A la menor sospecha de irregularidades, se cancela todo.

Durante sus conferencias matutinas en Palacio Nacional, ha improvisado diversos programas de gobierno que, horas más tarde, deben salir a explicar integrantes de su gabinete, con apenas un esbozo de lo que se planea.

Es cierto que el Presidente va demasiado de prisa, porque así lo exigen los apremios de la nación. Pero debe detener su intenso ritmo de trabajo para dar tiempo a la planeación de los proyectos nacionales.

Así han surgido ideas como el pago a los abuelos por cuidar a sus nietos y cerrar las estancias infantiles; o la de que no entre al país ni un litro de gasolina sin que la secretaria de Energía, Rocío Nahle, lo haya firmado, entre otras propuestas.

SE ACABARON LAS “ESPECTACULARES” DETENCIONES

El Jefe de la Nación ha tropezado también con la mezquindad política de la oposición para aprobar su Estrategia de Seguridad Pública y la creación de la Guardia Nacional, compuesta por Ejército, Marina y Policía Federal.

En la Cámara de Diputados se ha postergado la aprobación de tan importantes reformas, que en su momento fueron incapaces de hacer tanto en el PRI como en el PAN, cuando estuvieron en la Presidencia y tuvieron la mayoría del Congreso.

La Guardia Nacional generó gran controversia porque, en su primer proyecto, se hablaba de un cuerpo con mando militar, tema que fue desechado por la ciudadanía y escuchado por Andrés Manuel, quien ordenó al secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, eliminar la intromisión castrense en el organigrama.

Desde Palacio Nacional se escuchó el mensaje de que en el país se había acabado la guerra, al menos en el discurso como lo manejaron los anteriores presidentes, porque a partir del nuevo gobierno se combatiría el delito y se buscaría la reinserción de los delincuentes, al mismo tiempo que se tambaleaban las estructuras secretas del robo de combustibles, donde todavía deben aparecer los verdaderos capos, que llevan hasta nombres de expresidentes.

Sin la espectacularidad de las grandes detenciones falaces de líderes de cárteles, asesinos, ladrones que salían al poco tiempo libres, ante la incapacidad de la PGR de fincar responsabilidades y presentar pruebas, la estrategia de AMLO en contra del “huachicoleo” parece que está dando resultados, es bien vista y aprobada por la “gente”, como él llama al pueblo.

López Obrador ha sido duramente cuestionado por sus opositores de todos los colores y posturas políticas. Consideran que no hay grandes avances en dos meses de iniciado su gobierno, en el que ha puesto a la Nación al revés y al derecho.

ARREPENTIMIENTO Y REINSERCIÓN A DELINCUENTES

Aventuradas y novedosas decisiones ha tomado el Presidente en su discurso. Ha promovido establecer un diálogo directo y utilizar la persuasión con los delincuentes para que tengan alternativas de solución basadas “en un acto de contrición”, que los lleve a arrepentirse y a garantizar que no volverán a delinquir.

López Obrador actúa basado en la doctrina cristiana, que profesa, donde considera, y como él mismo lo dijo, “el perdón de las víctimas y la contrición sincera de los victimarios resultan pasos previos indispensables para las negociaciones”.

Como parte de la Estrategia de Seguridad Pública, que analiza el Congreso, se cuestiona “¿qué ofrecer a los delincuentes para que dejen de delinquir?” La propuesta es ofrecerles un aumento en su esperanza de vida, “Los integrantes de las organizaciones criminales suelen morir jóvenes (el promedio de vida de un joven que ingresa a la delincuencia organizada es de seis meses) y de manera violenta.”

También contempla la posibilidad de que los ahora delincuentes encabecen negocios legales y regulares para alcanzar “la respetabilidad social”. De esta manera, abandonaría la pobreza y la desigualdad que los condujo a formar parte de grupos delincuenciales violentos.

Un escenario similar se presentó en los Estados Unidos en los rugientes años 20, cuando las bandas criminales de asesinos y contrabandistas de alcohol se apoderaron de Nueva York y Chicago. De este proceso, aplicado con éxito, surgió la bonanza de la Atlantic City, las Vegas, Miami y otros centros de diversión, donde las cartas y las fichas sustituyeron a las balas y las pistolas.

El resultado de este nuevo plan, se desconoce. Lo que sí puede afirmarse es que se trata de una política de gobierno novedosa que hasta ahora no se había experimentado.

La refundación de la nación requiere paz, trabajo y debe estar fundamentada en la ley y la moral, dos componentes olvidados por los anteriores gobiernos. Lo primero que requiere una planificación de tal magnitud, es que se acabe radicalmente con la corrupción, porque lo bueno se convierte en malo, cuando hay manejos sospechosos.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.