“El espíritu de revancha está anidado en el Gobierno de López Obrador”

13 marzo 2019

El gobernador del PAN habla de los objetivos de la oposición para convertirse en un contrapeso real del presidente de México.

Por Jonás Cortés | Javier Corral (Ciudad Juárez, 1966) se convirtió, el pasado 3 de marzo, en el primer gobernador que protestó con su silencio. Durante una visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Chihuahua, el Estado que gobierna desde octubre de 2016, el mandatario del conservador Partido Acción Nacional (PAN) rechazó dar un discurso en un mitin lleno de simpatizantes del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) que lo abucheaban e insultaban. La dinámica de descalificación se ha repetido en las visitas que ha hecho el presidente de México a Estados que no son gobernados por su partido. Esto ha tensado la relación entre los gobernantes locales y el presidente, quien goza de una alta popularidad en el país. También ha dificultado la negociación de reformas que benefician a los Estados con un reparto más equitativo del presupuesto federal, uno de los objetivos que Corral ha planteado a López Obrador para el sexenio.

Pregunta. ¿Los gobernadores son víctimas de la austeridad del Gobierno de López Obrador?

Respuesta. No somos víctimas de la austeridad, somos víctimas de la concentración de recursos para un enfoque del presupuesto asistencialista que tiene propósitos de crear una base de apoyo popular para formar una nueva hegemonía en el país. El presidente López Obrador no está pensando en un gobierno de seis años. Está pensando en la construcción de un nuevo régimen político para varias décadas. Está concentrando recursos, pero también facultades y funciones. Hay una mayor concentración de poder.

¿Compara esta nueva hegemonía a lo que era el PRI?

Recupera muchos de los trazos del viejo PRI: nacionalista, con un presidente fuerte y un Estado que concentra. Se está construyendo una nueva hegemonía basada en al voluntad de un solo hombre. Es un regreso al hiperpresidencialismo, en el que el mexicano siempre ha creído y depositado sus esperanzas. Estoy preocupado por eso. En cualquier democracia, la concentración de tanto poder representa un riesgo para el sistema democrático y el conjunto de libertades. Además, el presidente ha extendido la dinámica de su campaña en el Gobierno. Ese es el dato que más me preocupa. La narrativa de diálogo, reconstrucción y unidad en la transición fue muy breve.

El presidente está pensando en la construcción de un nuevo régimen político para varias décadas

Comenzó a gobernar inmediatamente…

Y porque cuando llegó al Gobierno el poder generó lo que genera todo poder. No descubre cualidades o defectos. El poder potencia las virtudes o las insuficiencias.

Recientemente usted se negó a hablar en un evento público con el presidente en Chihuahua. ¿Por qué?

Fue un acto de autocensura. Días antes me enteré de lo que se preparaba. Sabía que parte de la dinámica de estas reuniones es el abucheo del gobernador en turno. Preferí el riesgo del abucheo a pasar como descortés con el presidente. No quise jugar otro riesgo, que ante esa parte del protocolo, que el presidente llegara a someter a votación si yo debía terminar mi discurso o no. Lo ha hecho en un par de eventos, en el Estado de Guerrero. Esta dinámica es la que más me preocupa porque extiende la campaña. Un enfoque muy ideológico, muy partidista. Es una visión muy reducida de la historia de México: creer que en todas las épocas este país ha estado en una batalla entre conservadores y liberales. Eso no es cierto.

¿Cómo está el sistema de partidos y la oposición a 100 días del gobierno de López Obrador?

Estos eventos a él le sirven para reforzar y consolidar el significado de la elección del 1 de julio. Enfatiza el contraste de su popularidad versus el desprestigio y descrédito del sistema de partidos. La elección del 1 de julio no solo debemos entenderla como el gran hartazgo ciudadano, sino como la ruina del sistema de partidos. Los dos partidos que indistintamente se alternaron la presidencia quedamos hechos añicos por faltas bien acreditadas. El PRIAN [la suma del PRI y el conservador PAN] construyó palmo a palmo la paliza del primero de julio. Se jugó durante mucho tiempo con fuego y la gente fue a desquitarse con contundencia sin razonar muchas cosas. Hoy mismo ese desquite continúa. El problema es que continúa desde el Gobierno. Está anidado el espíritu de revancha.

La elección del 1 de julio  debemos entenderla como la ruina del sistema de partidos

¿Hasta cuándo será así?

Es un asunto de contrapesos y de equilibrios. A mí me han tratado de llevar al bando opositor. Él inmediatamente centra en la oposición a quien no piensa como él. Formalmente me declaró el opositor a su Gobierno. No lo soy. Debe haber oposición sólida y fuerte. Pero el papel de un gobernador es ser contrapeso y equilibrio. El federalismo en sí mismo es el contrapeso originario del poder central. El gran problema es que los contrapesos originarios están diluidos, asustados o tienen faltas acreditables con las que no pueden echarse para adelante.

¿Hay gobernadores asustados?

Sí, veo a muchos muy asustados que no dicen nada porque estaban basados en otra estrategia. Dependían del presidente de la república.

¿Qué opina de la lucha contra la corrupción en este Gobierno?

Cuando escuché al presidente López Obrador iniciar su discurso agradeciendo a Peña Nieto se me nubló la esperanza. Fue un momento anímico para mí ese día, de derrumbe interior. Le agradeció a Peña Nieto haber respetado y no haber intervenido en la elección. No le agradeció ni siquiera a los 30 millones que votaron por él, le agradeció a Peña Nieto. Eso fue muy decepcionante para mí. Se me cayó la esperanza de poner fin a la impunidad. La lucha contra la corrupción no será creíble ni auténtica si no se investigan y se lleva ante los jueces a los responsables de todas las trampas que todos los días relata López Obrador. El presidente se ha metido más contra las organizaciones de la sociedad civil que contra Peña Nieto. Ha generado más señalamientos a los órganos autónomos que contra el Gobierno más corrupto y corruptor de los últimos 70 años.

¿Qué sigue?

Como en el corto plazo se ve difícil que cambien temas como el pacto fiscal y reforzar la autonomía de los órganos el gran objetivo que debe imponerse la democracia mexicana en los próximos tres años es cambiar la correlación de fuerzas en la Cámara de Diputados. Él [López Obrador] me dijo que no va a modificar en estos años la ley de coordinación fiscal. Además, me dijo que no nos iban a dar un peso más de lo que nos corresponde por ley. Y yo dije que iba a buscar modificar esa ley injusta. Como no tengo posibilidades de reformarla hoy por su aplastante mayoría, lo que hay que buscar es una nueva mayoría en Diputados. Ese tiene que ser el gran objetivo.