El inminente camino a la precariedad laboral que propone AMLO

29 julio 2018

Por Edmar Ariel Lezama – economista y profesor universitario | Para López Obrador los trabajadores sindicalizados son más eficientes que los no sindicalizados.

Una vez conformado el equipo de trabajo de Andrés Manuel López Obrador y dado a conocer su plan de 50 puntos para acabar con la corrupción y reducir el gasto excesivo del gobierno -así como su plan económico para reactivar la economía mexicana- existe una razonable duda en torno al trato diferenciado que pueden recibir los trabajadores en el país empleados en la administración pública y fuera de ella.

En lo que se refiere a la administración pública, existe una extensión de la jornada laboral para trabajadores no sindicalizados de las 40 a las 48 horas semanales, lo cual de inmediato significa una reducción de su salario por hora (forma en cómo se negocia la paga al interior de un empleo en países desarrollados) y, por ende, de su calidad de vida al tener una reducción real de su paga mes a mes.

Dicha medida de aumento de la jornada de trabajo no aplica a trabajadores sindicalizados, los cuales seguirán gozando del mismo salario por hora percibido hasta este momento, lo cual de inmediato significa una injusticia laboral para trabajos contratados por el mismo empleador.

La estrategia económica de Andrés Manuel es la de enfocarse en el sector turismo y la diversificación de las exportaciones.

El argumento del equipo de López Obrador para diferenciar trabajadores sindicalizados de los no afiliados a esas organizaciones tiene que ver con un sentido de eficiencia, ya que esa medida podría desalentar el trabajo ocioso dentro de Secretarías de Estados. Es decir, 48 horas semanales serían suficientes para cumplir las metas fijadas cada cierto tiempo.

A diferencia de lo que ocurre en países nórdicos y algunas ciudades alemanas donde la jornada de trabajo es de 30 horas semanales, así como de la propuesta de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de adoptar esa medida para reducir la precariedad laboral, el gobierno lopezobradorista va en sentido contrario.

La eficiencia no siempre se logra trabajando más, sino mejor, por lo que una real capacitación laboral, acompañada de reducción en la jornada de trabajo y privilegios económicos (seguros de gastos médicos, pago de colegiaturas, cirugías estéticas, etc) sería mucho más efectivo para reducir la corrupción y aumentar la productividad del aparato estatal.

La eficiencia no siempre se logra trabajando más, sino mejor.

Debido a que el argumento es de eficiencia y el plan de trabajo no se enfoca en ningún momento a trabajadores vinculados a sindicatos, el escenario laboral nos lleva a concluir que para López Obrador los trabajadores sindicalizados son más eficientes que los no sindicalizados. Por lo que el siguiente paso del plan de 50 puntos es filtrar a los mejores trabajadores empleados por 48 horas semanales y sindicalizarlos en el mediano plazo, lo cual generaría estabilidad y equidad laboral.

En lo que se refiere a los empleos generados fuera del sector público, la estrategia económica de Andrés Manuel es la de enfocarse en el sector turismo y la diversificación de las exportaciones.

En ambos casos el escenario laboral no parece ser del todo alentador, ya que el turismo en México es una gran fuente de generación de puestos de trabajo (8.6 % del total de empleo generado, Secretaría de Turismo), pero con altas tasas de informalidad al ser empleos eventuales, con jornadas extendidas y muchas veces nocturnas, así como carentes de todo acceso a la seguridad social.

Por el lado de la diversificación, el camino no es corto ni factible, ya que en la actualidad la única industria manufacturera con condiciones adecuadas para los trabajadores es la automotriz y aeroespacial, mientras el resto de las actividades de la manufactura generan ocupación informal y precaria. Por lo que más que una diversificación, resulta necesario generar industrias paralelas a las que son altamente formales, para de esa manera mantener los niveles de ocupación de calidad.

Hasta el momento no existe claridad en torno a una real estrategia de generación de empleo y mejora de calidad de estos, a pesar de que esa es una estrategia más eficiente para la reducción de la corrupción y desigualdad.

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