El pueblo encontró a su líder y comenzó a idealizarlo

8 julio 2018

Por Manuel Mejido | Las múltiples acusaciones de que la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República, conduciría a México a una “venezolización”, la destruyeron los mensajes y la llamada telefónica de Donald Trump.

Expresidentes, empresarios, líderes políticos y sociales que criticaron y exacerbaron el coraje social, terminaron por reconocer el triunfo aplastante del tabasqueño, que llega a Palacio Nacional con el mayor capital político de los últimos 80 años.

Desde el lunes, cuando en México ya se sabía que había ganado la elección, López Obrador inició la Cuarta Transformación del país. Quedaron atrás la Independencia, la Reforma y la Revolución, ocupando un destacado lugar en la historia nacional, pero sin derramar una gota de sangre ni dispara una bala.

AMLO inició su carrera en el priismo y llegó a ser presidente de ese partido en su estado natal, Tabasco. Sin embargo, rompió con el PRI y se convirtió en un rebelde, en un disidente activo porque se le negó la posibilidad de ser candidato a gobernador, debido a que Raúl Salinas Lozano apoyó a Salvador Neme Castillo.

En ese resquebrajamiento del oficialismo en el país (que inició en 1986 y concluyó en 1988 cuando Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo encabezaron la salida hacia el naciente partido de izquierda que fue el PRD), López Obrador abrazó la causa y se convirtió en un fogoso líder para combatir la cerrazón y el férreo monopolio del poder priista.

Conocí a López Obrador por varias entrevistas que le hice en ABC Radio, cuando todos los medios informativos, especialmente los electrónicos, le negaban espacios, porque había bloqueado pacíficamente yacimientos en Tabasco, pero sin interrumpir la extracción de petróleo en los pozos.

En esa época, Andrés Manuel se mostró abiertamente como un crítico del sistema y no lo doblegaron con ninguna de las tretas políticas que en esa época empleaba el PRI para despedazar a sus detractores.

Entonces oponerse al régimen significaba la muerte política y en ocasiones hasta física. López Obrador se lanzó con más ímpetu a su labor oposicionista, sin importarle su integridad personal.

Más tarde, Cárdenas y Muñoz Ledo me presentaron con López Obrador durante un acto político del PRD. Años después volvería a verlo durante la campaña de Yeidckol Polevnski en Naucalpan, entonces candidata perredista a la gubernatura del Estado de México, que le robaron de manera descarada.

LA JUSTICIA SOCIAL COMO LEMA

Andrés Manuel formó su ideario político desde Tabasco, pero lo reforzó siendo jefe de Gobierno de la Ciudad de México, en donde promovió y defendió los derechos de las clases desprotegidas. Repartió apoyos económicos (que siguen vigentes) para personas de la tercera edad, con capacidades diferentes, estudiantes y a madres solteras.

Durante su campaña a la Presidencia en 2006, su lema fue: “Por el bien de todos, primero los pobres”. Hasta hoy sigue enarbolando esa bandera de justicia social.

El bloqueo de Paseo de la Reforma en 2006 le generó grandes críticas, le sumó detractores pero su decisión continuó durante dos meses. En realidad esa acción no significó gran cosa para un hombre al que le robaron la Presidencia a favor del espurio Felipe Calderón y, en cambio, le trajo seguidores por su enérgica decisión que esperan ahora muestre no sólo ante Trump sino ante los empresarios rapaces.

Una situación diferente vivió López Obrador en el 2012, porque si bien es cierto que la elección fue muy competida, tampoco puede negarse el triunfo del PRI en las urnas, porque designó a un candidato carismático y recuperaba fuerza gracias a los errores y abusos de los gobiernos panistas que estuvieron durante 12 años en la Presidencia.

Ahora parece ser que al fin, los mexicanos encontraron al líder que durante tantos años buscaron. La misma noche del 1 de julio en que López Obrador dejó de ser rebelde e intransigente, para convertirse en el Presidente de la República, y la esperanza de más de 24 millones de votantes que le dieron su apoyo en las urnas.

SIN AUTOBUSES NI TORTAS GRATIS

Esa noche, sin acarreados, la gente llegó en sus autos o caminando, compró playeras, gorras, banderas y otros artículos que los partidos suelen regalar en sus mítines. Hubo quien lloró, muchos gritaron “ya ganamos”, aplaudieron y buscaron acercarse a su líder, que repetidamente insiste en rechazar la guardia presidencial pero pide que no lo aplasten.

En la elección, AMLO arrasó a tal grado que las cámaras de diputados y senadores tienen la mayoría calificada de Morena, lo que le permitirá la aprobación de sus propuestas con total desahogo, al menos durante los próximos tres años.

En esas condiciones de total control del país, ya empezó a advertirse que el pueblo idealiza a su líder López Obrador, en algunos casos extremos se llega al paroxismo de la deificación. Esto no puede, ni debe ocurrir. Apoyos a sus actos de gobierno, habrá muchos. Pero ninguno que llegue a una sumisión abyecta.

Estos días, Andrés Manuel ha dado muestras de saberse adaptar al cambio y no al boato del poder. No ha sido intolerante. Se ha reunido con quien debe hacerlo cualquier presidente electo, incluso con quienes lo criticaron como el Consejo Coordinador Empresarial.

Vicente Fox y Felipe Calderón, que hicieron muy mal gobierno, y Carlos Salinas de Gortari, lo felicitaron por su triunfo electoral. Fox le pidió a AMLO “callar la boca” a quienes no creen en él.

Para que se entienda a López Obrador, debe saberse que no se mueve por el dinero, sino por la trascendencia y por pasar a la historia como un gran Presidente.

Los años le darán ese privilegio o lo marcarán como uno más.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.