La moral es un asunto de familia, no de un librillo

4 agosto 2019

Por Manuel Mejido | Buena mezcla de Alfonso Reyes con el pensamiento criollo del político de Macuspana, Tabasco. El presidente Andrés Manuel López Obrador presentó su Cartilla Moral con parecidas líneas, como las enunciadas por el escritor en 1944.

Básicamente lo que propugna AMLO, ya para estas alturas, es bien conocido. Quiere un país honrado, algo que tal vez ni Alemania haya logrado. Los teutones se han dedicado a lavar culpas con mucho empeño pero poco éxito.

Tuve la oportunidad, allá por los años 50, de acompañar al gran periodista Carlos Denegri, en las visitas que periódicamente hacía a Alfonso Reyes, un auténtico rector del comportamiento moral de políticos, aunque sencillamente se trataba de los mal educados priistas.

Reyes era un tipo afable, bien instruido y muy buen luchador social. En la práctica no era tan duro como su Cartilla Moral, que lo mismo encaja para los derechistas que para izquierdistas, porque según su autor “la moral no tiene nacionalidad”, simplemente es un comportamiento que se ha convertido en el motor de los países civilizados.

Otro gran literato mexicano, Jaime Torres Bodet también ordenó elaborar su Cartilla Nacional de Alfabetización de la que se imprimirían 10 millones de ejemplares.

Muchos intentos se han hecho para tratar de enderezar la moral de algunos mexicanos descarriados, sobre todo a los enquistados en el gobierno, pero muy poco se ha logrado cuando se confronta la realidad con los buenos deseos.

Un renglón especial de la Cartilla de López Obrador lo está tratando de imponer por las buenas, no con castigos ni cárcel, la moralidad especialmente en el otorgamiento de obras públicas.

Las ocasiones que tuve la oportunidad de estar cerca de Alfonso Reyes, siempre había un tema central en las conversaciones. Se comentaba que los cuando el presidente Manuel Ávila Camacho promulgó su Ley de Emergencia, el 21 de agosto de 1944, la mayor parte del pueblo no sabía leer ni escribir.

El México analfabeto con los años dio paso a una nación de marrulleros, que escondía sus graves defectos morales en dar ejemplos a los que no se ajustaba.

LA MORAL SE MAMA EN EL HOGAR

La propuesta de Alfonso Reyes invita a los ciudadanos a reflexionar sobre los principios y valores que pueden ayudar a la convivencia en armonía, entre las comunidades y ciudades.

Sin embargo, el verdadero problema no ha sido comprendido ni antes ni ahora. La moral, los buenos principios, el respeto a los demás, se aprende desde la casa o no se aprende nunca.

Los niños y jóvenes adquieren buenas o malas costumbres en la intimidad de su hogar. López Obrador podrá hacer algún cambio favorable a la moral durante su gobierno, siempre y cuando haya disposición al interior de las casas y no en los mítines o reuniones de partidos políticos.

La educación y todo lo que conlleva se mama en casa, no se lee en un folleto, ni en los libros de los eruditos. Se aprende del ejemplo, del respeto a la diferencia y a los demás.

Durante los gobiernos priistas de las décadas los sesenta, setenta, ochenta y hasta noventa, se utilizaron los distintos medios de comunicación, como el cine y la televisión principalmente, para implantar un modo de vida, una moral, principios y valores, que en el fondo eran ajenos al pueblo, y más aún entre los gobernantes.

Actualmente, las salas de cine proyectan en su mayoría películas extranjeras, de súper héroes, de historias románticas o graciosas. Mientras que la televisión mexicana atraviesa por su peor momento, porque ya ni las telenovelas cautivan al teleauditorio, que migró hacia otros formatos de internet.

Entonces, la Cuarta Transformación debe buscar nuevos formatos para difundir su propuesta. La televisión, el cine, la radio y, sobre todo, los libros, ya no tienen ese alto grado de penetración. Los mítines en plazas públicas, tampoco.

DÓNDE QUEDÓ EL DERECHO DE LOS PADRES

López Obrador se metió en camisa de 11 varas, porque su Cartilla Moral se centra en el respeto a la patria, que está muy bien pero debe ocurrir después del respeto a la familia que, insisto, es donde nacen los principios de la convivencia pacífica.

¿De qué sirve respetar a la patria si hay irrespeto a la madre o al padre?

La Cartilla tiene 14 apartados en los que se resalta la humanización del hombre, el respeto, preceptos morales y la familia, entre otros asuntos.

Por más que se le busque al documento, no se encuentra expuesto y defendido con firmeza el derecho de los padres a la educación de sus hijos y el respeto que los menores deben tener a todo el núcleo familiar, tan disperso en el México actual, donde más cuenta el dinero que la moral.

Un gran error es haber permitido que los primeros en repartir este documento haya sido un grupo religioso, el evangelista, que ni es un culto mayoritario en el país ni le importa a la gente, pero sí a López Obrador, porque esa fe profesa aunque, por consumo popular, se declaró católico.

Diversos grupos religiosos ya han criticado con severidad la Cartilla Moral, por la participación de los protestantes Se ha empezado siendo disparejo, con lo que se debía ser parejo.

En resumen, la moral no debe estar a cargo del gobierno, ni de la religión. Es un asunto de familia, de la intimidad del hogar. No se adquiere por imposición.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com