‘Narcos’. Ficción y realidad II

20 febrero 2020

Héctor Aguilar Camín

He disfrutado muchas cosas de la segunda temporada de Narcos México: la calidad del guión, la fuerza de actores y actrices, la verosimilitud de los diálogos, el rigor histórico y visual de la producción, su impecable toque de época.

Mis momentos de incredulidad frente a la serie se han dado cuando los guionistas abandonan su estética de ceñirse a los hechos y se ponen a inventar.

En la segunda temporada de Narcos México inventan dos cosas enormes. Una es que el personaje central, Félix Gallardo, hasta ahora jefe de un cártel, aparece de pronto ante las computadoras de la secretaría de Gobernación manipulando el sistema electoral del año de 1988.

Luego, como el sistema se cae, Félix Gallardo llama a sus capos para que éstos, a punta de pistola, alteren las actas de la votación real y le den el triunfo al PRI.

La segunda invención grave es que Félix Gallardo padece la rebelión interna de su cártel ya en 1988. Es decir, ya en 1988 pelean a muerte, en brutales pugnas intestinas, los Arellano Félix que controlan Tijuana, contra el Chapo Guzmán y el Güero Palma que controlan Sinaloa, y contra Amado Carrillo Fuentes y Rafael Aguilar Guajardo, que controlan Ciudad Juárez…

Según el guión, la quiebra interna del cártel cuasi monopólico de Félix Gallardo es la causa efectiva de su captura en abril de 1989, pues para entonces ha perdido todo su poder.

La realidad es que Félix Gallardo no solo conservó el control de su cártel cuando cayó preso, sino que, desde la cárcel, donde estaba preso pero vivía como quería, organizó el reparto de su imperio y la entrega de plazas a sus capos subordinados, sus muchachos.

Estos se pelearán a muerte después, en los años noventa, fundamentalmente por matones y por idiotas.

Los guionistas saben muy bien que están incurriendo en este anacronismo y faltando a su estética de pegarse a la realidad, porque, en el curso de su propio guión, nos presentan a Félix Gallardo preso, hablando con un inventado agente de la DEA, como un profeta exacto de lo que pasaría después.