La respuesta sexual, ¿cómo reaccionamos al placer?

19 agosto 2017

Por Georgina Burgos, sexóloga, psicóloga y escritora | La respuesta sexual nos desvela el ciclo del deseo, la excitación, el orgasmo y la satisfacción, aunque de manera distinta en hombres y mujeres. ¿Qué ocurre en nuestro cuerpo cuándo sentimos placer erótico?

La respuesta sexual se refiere al ciclo propio de la sexualidad humana que abarca el proceso del deseo, la excitación y el orgasmo en hombres y mujeres. La respuesta sexual consta de varias fases que, en general, se suceden unas a otras por el orden que encontrarás a continuación. Por ejemplo, es difícil llegar a un orgasmo intenso y placentero sin haber recorrido previamente una fase de excitación creciente.

No obstante, hay dos aspectos que nos acompañan a lo largo de todo el ciclo de nuestra respuesta sexual: el deseo y la satisfacción. Sin satisfacción en las diferentes fases, difícilmente encontraremos el deseo que mantenga nuestro impulso de iniciar o continuar un encuentro erótico.

En concreto, las fases de la respuesta sexual son las siguientes:

  • Fase de deseo
  • Fase de excitación
  • Fase orgásmica
  • Fase de resolución
  • Fase de satisfacción

Si bien hombres y mujeres compartimos estas fases, en cada uno de los sexos hay una serie de aspectos y reacciones fisiológicas, así como una serie de cambios anatómicos,  que nos diferencian. A continuación abordaremos con más detalle qué ocurre en cada una de estas fases y como varían en ellos y ellas.

El deseo aparece en nuestra existencia en general, y en concreto en nuestra sexualidad, como una percepción física y mental que nos impulsa hacia el sujeto o el objeto de nuestro deseo. A veces surge de forma involuntaria, nos sorprende, tomamos conciencia del mismo sin haberlo previsto, por ejemplo cuando lees la escena de una novela y notas un cosquilleo en tu interior y te dices: pues me gustaría probarlo. El deseo también se provoca deliberadamente mediante una acción erótica voluntaria, excitante, atractiva o sugerente que pueda ponerlo en marcha.

El deseo se siente, se percibe y nos lleva a buscar su satisfacción. Cuando el deseo inicial crece, empezamos a notar los cambios que provoca en nuestro cuerpo el fenómeno de la excitación. El deseo suele desencadenar el inicio de nuestra respuesta sexual y nos acompaña, lleno de matices, a lo largo de todo este proceso erótico.

La fase del deseo en las mujeres

No es infrecuente escuchar que en las mujeres el deseo es algo complejo y hasta incomprensible; no obstante, el centro de la cuestión está simplemente en el hecho de que el deseo femenino funciona de manera no idéntica al deseo masculino. Los estímulos visuales, por ejemplo, tienen un efecto menor en las mujeres, mientras que las emociones, la imaginación y las caricias sensuales juegan un papel importante.

En las mujeres se suele asociar deseo con disponibilidad a iniciar un encuentro sexual, cuando en realidad esto es falso. El deseo en las mujeres puede ir asociado a las ganas de tener intercambios eróticos diferentes a un encuentro sexual tradicional, y estos pueden ir desde un beso o unas caricias sensuales a un encuentro excitante y explícito, pero sin penetración, por ejemplo. La diversidad en los matices de qué desean las mujeres cuando desean es inmensa.

La fase del deseo en los hombres

Por lo general, el deseo masculino se desencadena muchas veces ante un estímulo visual, y también ante estímulos imaginados o fantasías sexuales. Por supuesto, como en el caso de las mujeres también se desencadena gracias a una serie de estímulos táctiles que la persona percibe como agradables, excitantes y satisfactorios.

En general, se suele asociar el deseo y la excitación masculinos con la erección del pene, aunque, si bien en muchas ocasiones esta asociación se cumple, siempre hay excepciones y puede haber deseo sin erección e incluso excitación sin deseo.

Por supuesto muchos hombres rompen moldes y sorprenden a sus parejas con deseos originales e ideas innovadoras. En definitiva, cada hombre y cada mujer pueden tener sus propios desencadenantes del deseo, y estos pueden ser diferentes al de otras personas. La búsqueda de la normalidad, o el deseo estandarizado socialmente, suele ser un gran enemigo del deseo sexual.