Ni 12 ni 18 meses: las vacunas que dan esperanza contra el COVID-19 aparecen a los 300 días

17 noviembre 2020

A principios de enero, lo único que los científicos del mundo sabían con certeza sobre el virus SARS-CoV-2, que provoca la enfermedad COVID-19, era su perfil genético. Ahora, unos 300 días después, los desarrolladores de vacunas están al borde de una gran victoria contra un patógeno que inflige daños personales y económicos grandes.

Especialistas en virus, incluido Anthony Fauci, el principal médico de enfermedades infecciosas de Estados Unidos, predijeron a principios de 2020 que tomaría entre un año y 18 meses desarrollar una vacuna para enfrentar el contagio. Moderna y Pfizer -en colaboración con BioNTech- están a punto de superar ese pronóstico, si los resultados positivos preliminares de sus ensayos de vacunas se mantienen.

El director ejecutivo de Pfizer, Albert Bourla, dijo este martes que la compañía había alcanzado un hito clave en materia de datos de seguridad y que solicitaría autorización de uso de emergencia en Estados Unidos. La noticia está alimentando el optimismo en el esfuerzo por detener una enfermedad que ha matado a más de 1.3 millones de personas y sigue corriendo desenfrenadamente.

“Ahora estamos acumulando las herramientas que nos ayudarán a poner fin a la pandemia”, asegura Richard Hatchett, director ejecutivo de Coalition for Epidemic Preparedness Innovations, que ayudó a financiar el trabajo de Moderna. Los auspiciosos resultados no significan que las vacunas estarán ampliamente disponibles de inmediato. “Pero, dado el momento en que estamos en esta pandemia y el proceso de desarrollo de la vacuna, no podría haber pedido un mejor resultado”.

Llevar una vacuna convencional desde el inicio al mercado toma más de una década en promedio, y menos de una de cada cinco pruebas en humanos llega a la meta. La vacuna de Merck & Co. contra las paperas desarrollada en 1967 tiene un récord de velocidad: cuatro años.

Para las vacunas contra el COVID-19, el trabajo comenzó el 11 de enero, menos de dos semanas después de que se informaran los casos iniciales en China. Fue entonces cuando los investigadores publicaron el genoma del coronavirus, más tarde conocido como SARS-CoV-2. Ese mismo sábado, investigadores de los Institutos Nacionales de Salud de EU (NIH, por sus siglas en inglés) comenzaron los primeros pasos para diseñar un programa de vacunas que se convirtió en Operation Warp Speed, según el secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar.

Moderna, en colaboración con los NIH, y Pfizer-BioNTech utilizaron la secuencia del genoma para diseñar una molécula llamada ARN mensajero (ARNm). Cuando se inyecta en las células, el ARNm les ordena que produzcan la proteína espiga del SARS-CoV-2, que el virus normalmente usa para invadir las células. Esa proteína clave induce una respuesta inmune del cuerpo.