Marcha de víctimas y coro de ruines

Carlos Marín

Un piquete de fanáticos intentó impedir con insultos, manotazos y empujones el ingreso a la Plaza de la Constitución de la marcha por la paz y el mitin con que terminó la jornada que promovieron y encabezaron Javier Sicilia, Adrián y Julián LeBarón.

“Traidores!”, “¡Asesinos”!, ¡Ratas!”, gritaban los vociferantes, tan estultos que mezclaban un apellido prominente: “¡Obrador, Obrador, es un honor estar con Obrador…!”, con sus ruines y xenófobas (y a lo güey) agresiones verbales: “¡Chairos!”, “¡Chayoteros!”, “¡Fifís!”, “¡Fuera LeBaron!”, “¡Regresen a su país…!” (los aludidos son mexicanos), lo que para nada sirve a la imagen del Presidente de la República.

En apariencia circunstancial, el incidente pudiera quedar como una más de las patéticas anécdotas que ilustran el grado de bajeza a que puede llegar la chusma, pero lo grave es que esta agresión a indiscutibles víctimas da idea de la magnitud de un encono social cada vez más incisivo.

Y cómo no: esa impresentable capa del lopezobradorismo, con frecuencia más papista que el Papa, suele moverse como cardumen (con perdón de los peces), moviéndose por instintivo reflejo al compás de lo que supone quiere y complace a su máximo dirigente.

Lacayunos, los agresores del domingo no hicieron lo mismo cuando los LeBarón acudieron a Palacio Nacional para ser atendidos por López Obrador o cuando el Presidente visitó a la familia en Bavispe, Sonora. Lo que detonó el agravio tumultuario fueron las despreciativas referencias mañaneras a Javier Sicilia y a la negativa de recibirlo con los LeBarón al finalizar la marcha por “evitar una falta de respeto a la investidura presidencial”.

De nada sirvieron las reiteradas declaraciones de los aludidos en el sentido de que su caminata no era de “oposición” a López Obrador ni que dejaran claro que no debe culpársele de la racha de desapariciones y asesinatos en el país, sino que buscan el diálogo para alcanzar acuerdos en pos de la pacificación y el imperio de la justicia.

Amor con amor se paga, y los promotores de la marcha decidieron desdeñar ser recibidos por los secretarios de Gobernación y Seguridad (quienes los esperaban en el interior de Palacio). “No tenemos nada de que hablar con el gabinete de Seguridad, ese es el problema”, dijo Sicilia, y una comisión de víctimas entró para entregar a Olga Sánchez Cordero y Alfonso Durazo una propuesta de justicia transicional.

Remota la necesaria conciliación nacional que propicie un compromiso de sociedad y gobierno para enfrentar con eficacia la delincuencia, el Presidente ayer, seguramente sin advertir lo que puede significar el dato para los miles y miles de damnificados de la inseguridad, comentó: “Hace unos días me enseñaron una encuesta, pero lo interesante es el contenido en la pregunta ‘¿cuál es el principal problema en tu comunidad/colonia’. En primer lugar están los baches, en segundo lugar la inseguridad…”.

Qué bueno que los porros del domingo no lo sabían.