El socio indiscreto: con Pegasus, Peña Nieto también espiaba a sus aliados

20 julio 2021

Este 2021, para hacer frente a la potencia electoral de Morena impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, el Partido Acción Nacional (PAN) y el moribundo Partido de la Revolución Democrática (PRD) concretaron una alianza con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la coalición Va Por México, cobijada por una parte del sector empresarial que encabeza Claudio X. González Guajardo.

Pero en el sexenio de Enrique Peña Nieto, el presidente priista ya había concretado una alianza de intereses prácticamente idéntica: lo hizo con el Pacto por México, mediante el cual obtuvo la anuencia del PAN y el PRD para aprobar las reformas estructurales que promovía su grupo político de la mano con la cúpula empresarial.

Algunos militantes del PRI actual, como el ahora senador Miguel Ángel Osorio Chong, tuvieron oportunidad de conocer desde la intimidad a sus aliados. Y es que entre 2016 y 2017 agencias del gobierno de Peña Nieto ingresaron de manera intensa y reiterada los números de los celulares de líderes del PAN y PRD en sus plataformas del sistema espía Pegasus, desarrollado por la empresa israelí NSO Group.

Así, el expresidente Felipe Calderón Hinojosa y su esposa Margarita Zavala Gómez del Campo, Ricardo Anaya Cortés, Marko Cortés, los “Chuchos” Jesús Zambrano y Jesús Ortega y todos los demás presidentes del PRD desde 2012, el propio Claudio X. González, fueron blancos de agencias gubernamentales que operaban Pegasus.

Los panistas Margarita Zavala, Felipe Calderón y Ricardo Anaya, aliados de EPN en ese momento, fueron vigilados. Foto: Eduardo Miranda.

Pero no fueron los únicos: el gobierno de Peña Nieto también acechó a algunos militantes de su propio partido, como los poderosos legisladores Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón –entonces líderes priistas del Senado y la Cámara, respectivamente–, la excanciller Claudia Ruiz Massieu, o Alejandro Moreno, el actual presidente del tricolor.

“Es la primera noticia que tengo en mi vida de esto”, dice Gamboa, en un comentario a Proceso. “Y entiendo, créeme, sé lo que es el Cisen, fui seis años secretario particular del Presidente Miguel de la Madrid (…) nunca tuve ninguna información, ningún aviso de alguien diciéndome que estaban interviniendo mi teléfono; mi primera vez en 50 años de carrera política”, agrega.

Estos son apenas una fracción de las decenas de senadores, diputados federales y locales, militantes de diversos niveles, y todos los presidentes nacionales del PAN y PRD del sexenio pasado identificados entre los más de 50 mil datos telefónicos seleccionados por clientes de NSO en el mundo, que revisaron Proceso y otros 16 medios de 10 países en el marco de la investigación periodística internacional Pegasus Project, coordinada por Forbidden Stories con el apoyo técnico del Security Lab de Amnistía Internacional.

Ayer, Proceso y los demás medios participantes en el Pegasus Project –entre ellos The Washington Post, Le Monde, The Guardian o Aristegui Noticias– revelaron cómo el gobierno de Peña Nieto desplegó enormes recursos para espiar a Andrés Manuel López Obrador, su esposa, tres hijos, tres hermanos, amigos íntimos y decenas de sus colaboradores más cercanos, durante la época en que el tabasqueño y su partido Morena estaban en pleno ascenso hacia la Presidencia de la República.

La familia de López Obrador también fue investigada. Foto: Especial.

Después de entrevistar varias fuentes y analizar los más 15 mil números telefónicos de México, a los que Forbidden Stories y Amnistía Internacional tuvieron acceso en un primer momento, se pudo determinar, con un alto grado de certeza, que el Centro de Investigación en Seguridad Nacional (Cisen) –dependiente de la Segob, de Osorio Chong– fue la agencia del gobierno de Peña Nieto que realizó la mayor parte del espionaje político.

La investigación pudo determinar qué objetivos fueron seleccionados por otras agencias clientas de NSO Group, como la Agencia de Investigación Criminal (AIC) –de la extinta Procuraduría General de la República (PGR)– y la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena); también encontró un cuarto “ente” no identificado, el cual se dedicó exclusivamente al espionaje de opositores políticos.

Resulta imposible afirmar que, en todos los casos, las selecciones derivaron en ataques, y que éstas instalaron Pegasus en los teléfonos de sus víctimas. En aquel entonces para conseguir la infección se necesitaba que el usuario diera clic en un vínculo malicioso, enviado en el contenido de un mensaje de texto o un correo electrónico.

Pegasus es un programa desarrollado por la empresa israelí NSO Group, que permite a una agencia de gobierno acceder a prácticamente toda la memoria del teléfono de un objetivo, incluyendo mensajes –SMS, Whatsapp y otras aplicaciones de mensajería– y correos; también permite consultar el historial, vigilar la geolocalización en cualquier momento, escuchar las llamadas, y tomar el control del micrófono de la cámara cuando lo desee.

Punteros

El verano de 2016 fue de buen augurio para el PAN: en las elecciones del 5 de junio, el partido había ganado 7 de las 12 gubernaturas que se renovaban –seis de las cuales eran anteriormente controladas por gobernadores priistas, castigados por los escándalos de corrupción–, lo que despertaba expectativas favorables entre sus líderes para las elecciones presidenciales de 2018.

Al interior del PAN, no estaba definida aún la persona que competiría para regresar el partido a Los Pinos. Su presidente nacional, el queretano Ricardo Anaya Cortés, ya se atribuía el triunfo electoral –logrado en parte gracias a una alianza con el PRD en Veracruz, Durango y Quintana Roo–, y operaba dentro de la organización conservadora para acaparar la candidatura.

Otro bloque empujaba el proyecto presidencial que Margarita Zavala, esposa del expresidente Felipe Calderón Hinojosa, había esbozado un año antes, en junio de 2015, cuando expresó públicamente su deseo de competir para las presidenciales de 2018 en nombre del PAN, partido que su marido había presidido en los últimos años del sexenio de Ernesto Zedillo. El 12 de junio de 2016, Zavala subió un video en Facebook, en el cual sostuvo: “Reitero que quiero ser presidenta”.

Pocos días después de las elecciones del 5 de junio, que provocó un terremoto en el gobierno y una profunda inconformidad al interior del PRI, un cliente mexicano de NSO ingresó en su plataforma de Pegasus los números de los dos punteros del PAN hacia 2018.

En un primer bloque, seleccionó los celulares de Zavala y Calderón, así como sus aliados Ernesto Cordero Arroyo –quien fuera secretario de Hacienda y presidente del Senado en el sexenio de Calderón–, el entonces senador Roberto Gil Zuarth –otrora secretario particular de Calderón–, Maximiliano Cortázar Lara –quien fue su vocero–, Javier Lozano Alarcón, y Fernanda Caso, quien meses después se convirtió en jefa de campaña de Zavala, cuando la mujer se lanzó como candidata independiente.

El entonces senador Roberto Gil Zuarth junto a Camacho Solís. Foto: Octavio Gómez.

Zavala no fue la única de su clan en ser blanco de Pegasus: su hermano Juan Ignacio Zavala Gómez del Campo y su sobrina Mariana Gómez del Campo también fueron ingresados a una plataforma Pegasus, mientras que Luisa María Calderón, hermana del exmandatario, fue blanco a principios de 2017.

Meses después, la agencia seleccionó el número de su asistente Jorge Camacho Peñaloza y de Daniel Vázquez García, quienes posteriormente jugarían un papel en la campaña de Zavala.

“A mí también me pasó lo de Pegasus, pero lo que pasa es que el presidente nacional era Ricardo Anaya; cuando les dijo que yo también, sólo investigaron sobre él y solo hicieron público su caso. No me dejaban a mí nunca dar una nota de que también me espiaban, pero obviamente me espiaban”, dice.

Felipe Calderón, por su parte, señaló que “aunque no me sorprende, me sigue pareciendo una injustificable violación a los derechos más elementos de liberta y privacidad (…) es inaceptable en cualquier caso, un signo ominoso y opresivo que dibuja vocaciones dictatoriales y antidemocráticas”.

Si bien son legítimas como potencial víctima, las críticas de Calderón hacia el espionaje ilegal contrastan con la política que implementó su gobierno durante su sexenio. De hecho, el gobierno de Calderón fue el primero en el mundo que compró un sistema Pegasus –lo hizo la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) en 2011–.

Aparte, durante su mandato tuvo como brazo derecho al “superpolicía” Genaro García Luna, quien no solo armó un complejo sistema de espionaje –donde también se realizaban escuchas ilegales–, sino también fue un actor de la industria de las tecnologías de vigilancia de origen israelí, junto con sus socio Mauricio Samuel Weinberg.

Escaso tiempo después de ingresar los números del grupo Calderón – Zavala, la agencia de gobierno seleccionó en reiteradas ocasiones el número de celular de Anaya, quien en 2017 lo denunció públicamente, en un reportaje del New York Times publicado una semana y media después del informe “Gobierno Espía”, que revelaba cómo el gobierno de Peña Nieto había usado Pegasus para atacar los celulares de periodistas y defensores de derechos humanos.

Los pactantes

El 2 de diciembre de 2012, apenas un día después de tomar posesión como Presidente de la República en una ceremonia marcada por la brutal represión policiaca contra las manifestaciones de rechazo al regreso del PRI en el poder, Peña Nieto reunió en el Castillo de Chapultepec a los líderes nacionales del PAN, PRI y PRD, a los presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado, a los gobernadores y a la élite político empresarial del país.

En esta reunión, el mexiquense y su grupo lograron que los tres principales partidos políticos de ese entonces –López Obrador había abandonado el PRD dos meses antes, y Morena aún no se había formalizado como partido político– firmaran el Pacto por México, el cual concretó el camino hacia las reformas estructurales.

“Seré un Presidente democrático”, prometió Peña Nieto en su discurso. “Esto significa voluntad absoluta para conciliar posiciones. Voluntad para anteponer, invariablemente, el interés superior de la Nación”, abundó el mexiquense, quien se comprometió a “ser un factor de encuentro, de unidad, de diálogo propositivo y constructivo”.

Además de abrir el camino a la reforma energética, que marcó el regreso de la iniciativa privada en la explotación de hidrocarburos, el Pacto por México incluía dos capítulos sobre “seguridad y justicia” y “transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción” los cuales, con la perspectiva de 2021, contrastan con la realidad del sexenio pasado, en que se agravó la crisis de inseguridad y de derechos humanos y brotaron innumerables escándalos de corrupción.

Miguel Ángel Osorio Chong, acompañado por los dirigentes de los partidos políticos,en las Mesas de Trabajo Político-Electoral del Pacto por México. Foto: Octavio Gómez.

Por parte del PAN firmó el legislador Gustavo Madero Muñoz, entonces presidente del partido conservador; en el PRD, puso su firma el entonces presidente partidista, Jesús Zambrano Grijalva. Ambos fueron seleccionados en plataformas de Pegasus durante el sexenio pasado.

“Sé que estuve alambrado, y esto de varias fuentes (…) “Durante el periodo en que fui presidente de Acción Nacional y después, soy consciente de que fui objeto de espionaje”, sostiene Madero. “Nuestras computadoras tenían manera de sacar los datos de las computadoras con el malware; el tema de Pegasus se ha vuelto muy famoso pero en México ha habido esta práctica muy extendida y muy impune”.

Preguntado su opinión sobre el hecho de haber si espiado por el mismo gobierno que le sentó a firmar el Pacto por México, el panista revira:

“Era una doble cara, por esto nos levantamos del pacto por México, porque por arriba de la mesa había un proceso de construcción de acuerdos, y por debajo de la mesa había una operación totalmente ilegal de utilización del aparato para conseguir sus propósitos (…) pudimos evidenciar el uso de los recursos de los programas sociales para ganar elecciones”.

“Estoy seguro de que siempre me han estado grabando, desde que estoy en mi función pública en la oposición”, dice Zambrano, en un comentario para esta investigación internacional. “Ahí están las pruebas de que en 2017, mediante el esquema y el programa de Pegasus, quién sabe qué dependencia me estuvo grabando”, subraya el político, ahora aliado del PRI.

Y abunda: “Estoy seguro que en este gobierno de López Obrador me siguen grabando; porque ahora resulta que en lugar de perseguir, de hacer inteligencia contra los delincuentes, están persiguiendo a los opositores políticos”.

Así, durante apenas un año medio, agencias de gobierno de Peña Nieto tuvieron como objetivos de Pegasus a todos los presidentes nacionales del PAN –Gustavo Madero Muñoz, Ricardo Anaya y Damián Zepeda Vidales–, así como un amplio grupo de legisladores, como los senadores Guillermo Ayala Llamas, Marcela Torres Peimbert, Ernesto Ruffo Appel, Jorge Luis Preciado, Fernando Rodríguez Doval, Roberto Moya, Guillermo Tamborrel, Xóchitl Gálvez, Adriana Dávila Fernández o Patricia Mercado.

Del lado del PRD, ingresaron en sus plataformas Pegasus los números de los “Chuchos” Jesús Ortega Martínez, Jesús Zambrano Grijalva, Carlos Navarrete, Ruiz Beatriz Mojica Morga y Alejandra Barrales, quienes se sucedieron a la presidencia del partido.

“Tenía sospechas que mi cel estaba intervenido, pero no me acuerdo (de haber recibido mensajes); de pronto me llegan cosas extrañas, pero suelo no abrirlas (…) lo que sí recuerdo es que en ese entonces las cámaras de seguridad de mi casa fueron hackeadas y estaban conectadas con el teléfono”, dice Mojica.

Los “Chuchos” Jesús Ortega Martínez, Jesús Zambrano Grijalva. Foto: Octavio Gómez.

Va por México

Para los comicios de 2018, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano (MC) decidieron aliarse para impulsar la candidatura presidencial de Anaya, bajo el grupo Por México al Frente, promovido entre otros por la fracasada candidata al gobierno capitalino Alejandra Barrales –entonces presidenta del PRD– y Damián Zepeda, por parte del PAN.

En la noche del 1o de julio de 2018, el INE anunció que Anaya quedaba en el segundo lugar, a años luz de Andrés Manuel López Obrador y con 9.9 millones de votos, es decir, 2.8 millones menos que su predecesora panista en la elección presidencial de 2012, Josefina Vázquez Mota, quien había competido sola.

Dos años después, ante el complicado panorama electoral que se avecinaba para los comicios de junio de 2021, con un anunciado triunfo de Morena, una parte de la cúpula empresarial encabezada por Claudio X. González y Gustavo de Hoyos –exlíder de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex)– aglutinaron a los líderes del PRI, PAN y PRD para hacer bloque contra López Obrador. En octubre crearon la iniciativa Sí por México, que el 23 de diciembre de 2020, registró la coalición Va Por México ante el Instituto Nacional Electoral (INE).

Los Presidentes nacionales de los partidos que conforman la coalición “Va por México”. Foto: Germán Canseco.

Claudio X. González había sido víctima de intentos de espionaje en el sexenio pasado, mientras era todavía director formal de la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), al igual que Marko Cortés –presidente del PAN–, Jesús Zambrano  y Alejandro Moreno, los tres fundadores de Va Por México.

– Estar en alianza con un partido vinculado a un gobierno que espió a casi todos sus integrantes ha de ser incomodo, ¿No?, se le pregunta a Madero.

“Es muy incómodo. Pero como en todo hay muchos gris. Una parte del PRI está en Morena –ahí está Bartlett, Monreal, Ebrard, o el mismo Andrés Manuel López Obrador–, está el PRI de Peña Nieto, el PRI de Osorio (Chong), el PRI de Beltrones…”

Momentos antes, el político reflexionaba: “De cierta manera (la alianza) acaba siendo un triunfo de Andrés Manuel López Obrador, logrando que tuviéramos que ir juntos el PAN y el PRD y él quedarse como una opción distinta; se logra algo que en su narrativa era muy importante: decir que ‘todos ellos eran iguales’ y él es distinto, y esta es una trampa estratégica en la que los dirigentes del PAN, del PRI y del PRD están atrapados”.

Carmen Aristegui y Sebastián Barragán (Aristegui Noticias), Paloma Dupont de Dichenin (FS), Juan Omar Fierro (Proceso),  Nina Lakhani (The Guardian), Lilia Saúl (OCCRP) y Mary Beth Sheridan (Washington Post) colaboraron en la realización de este reportaje.