Confirmado: el COVID está en el aire… y ahora tendremos que ‘limpiar’ lo que respiramos

16 mayo 2021

Una revolución silenciosa ha invadido los círculos de salud mundial. Las autoridades han llegado a aceptar lo que muchos investigadores han argumentado durante más de un año: el coronavirus puede propagarse por el aire.

Esa nueva aceptación, por parte de la Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos tiene implicaciones concretas: los científicos están pidiendo que se revisen los sistemas de ventilación como se hicieron los suministros públicos de agua en el siglo XIX después de que se descubriera que las tuberías fétidas albergaban cólera .

Un aire interior más limpio no solo combatirá la pandemia, sino que minimizará el riesgo de contraer gripe y otras infecciones respiratorias que cuestan a Estados Unidos más de 50 mil millones de dólares al año, dijeron investigadores en un estudio publicado en la revista ‘Science’, el viernes.

Por lo tanto, evitar estos gérmenes y sus enfermedades asociadas y aumentar la productividad en las oficinas, las empresas deben invertir en mejorar la ventilación y la filtración de aire en los edificios

“Estamos acostumbrados al hecho de que tenemos agua limpia proveniente de nuestros grifos, pero no siempre sucede así; y mucho menos con el aire.”, señaló Lidia Morawska, profesora distinguida de la escuela de ciencias de la tierra y la atmósfera de la Universidad Tecnológica de Queensland en Brisbane, Australia, quien dirigió el estudio.

Morawska y su equipo de trabajo, que incluye a 39 científicos de 14 países, exigieron el reconocimiento universal de que las infecciones se pueden prevenir mejorando los sistemas de ventilación interior.

Los realizadores del estudio pidieron a la OMS que amplíe sus pautas de calidad del aire interior para cubrir los patógenos transmitidos por el aire y que los estándares de ventilación de construcción incluyan un flujo de aire más alto, tasas de filtración y desinfección, y monitores que permitan al público medir la calidad del aire que están respirando.

Se necesita un “cambio de paradigma en la escala que ocurrió cuando el Informe Sanitario de Chadwick en 1842 llevó al gobierno británico a alentar a las ciudades a organizar suministros de agua potable y sistemas de alcantarillado centralizados”, indicaron en su estudio.

“Nadie se hace responsable del aire, pero este mismo aire puede ser de cualquier calidad y contener gran cantidad de virus y patógenos”.

Los aerosoles sí transportan el virus

El SARS-CoV-2 se multiplica en el tracto respiratorio, lo que le permite propagarse en partículas de diferentes tamaños emitidas por la nariz y la garganta de una persona infectada al respirar, hablar, cantar, toser y estornudar.

Las partículas más grandes, incluidas las salpicaduras visibles de saliva, caen rápidamente y se depositan en el suelo o superficies cercanas, mientras que las más pequeñas (aerosoles invisibles a simple vista) pueden transportarse más lejos y permanecer en el aire más tiempo, según la humedad, temperatura y el flujo de aire.

Son estas partículas de aerosol, que pueden permanecer durante horas y viajar en interiores, las que han avivado los contagios en todo el mundo.

Aunque las infecciones transmitidas por el aire, como la tuberculosis, el sarampión y la varicela, son más difíciles de rastrear que los patógenos transmitidos en alimentos y agua contaminados; las investigaciones de los últimos 16 meses respaldan el papel que juegan los aerosoles en la propagación del virus pandémico.

Eso llevó a recomendaciones oficiales para el uso público del cubrebocas y otras estrategias de control de infecciones. Pero, incluso esos se produjeron después de que los científicos de aerosoles presionaron por medidas más estrictas para minimizar el riesgo.

Los dirigentes del CDC publicaron una carta abierta respaldada por 239 científicos en julio pasado solicitando a las autoridades mundiales que respalden precauciones adicionales, como aumentar la ventilación y evitar la recirculación de aire potencialmente cargado de virus en los edificios.

La guía de la OMS se ha modificado al menos dos veces desde entonces, aunque la organización con sede en Ginebra sostiene que el coronavirus se propaga “principalmente entre personas que están en contacto cercano entre sí, por lo general dentro de un metro“.

El distanciamiento social sí sirve

La profesora Lidia Morawska, quien dirige un centro colaborador de la OMS sobre calidad del aire y salud, dice que eso es una simplificación excesiva.

“No hay nada mágico en el distanciamiento social. Es muy simple. Cuanto más estés cerca de una persona infectada, mayor será la concentración de partículas infecciosas y menor será el tiempo de exposición necesario para que ocurra la infección. A medida que te alejes, la concentración disminuye”, indicó la directora del Laboratorio Internacional para la Calidad del Aire y la Salud de la Universidad Tecnológica de Queensland, en Australia.

Los aerosoles infecciosos permanecen concentrados en el aire por más tiempo en espacios interiores confinados y mal ventilados, según Morawska.

Aunque una alta densidad de personas en tales entornos aumenta la cantidad de personas potencialmente expuestas a una infección transmitida por el aire, las áreas interiores cerradas que no están abarrotadas también pueden ser peligrosas, una distinción que Morawska dice que la OMS debería aclarar.

“La OMS, paso a paso, está modificando los estatutos”, detalló.

Medidas insuficientes y creencias mortales

El papel de la transmisión aérea “se ha negado durante tanto tiempo, en parte porque los grupos de expertos que asesoran al gobierno no han incluido ingenieros, científicos de aerosoles, higienistas ocupacionales y expertos multidisciplinarios en salud ambiental”, señaló Reina MacIntyre, profesora de bioseguridad global en la Universidad de Nueva Gales del Sur en Sydney.

“Una narrativa falsa dominó la discusión pública durante más de un año”, dijo. “Esto dio lugar a una serie de medidas que se quedaron cortas como lo fue lavarse las manos y desinfectar superficies, pero eso no impidió que miles de personas se contagiaran en el mundo”.

Algunas personas que trabajan en la virología, epidemiología y enfermedades respiratorias se aferraron rígidamente a las creencias que minimizan la transmisión de enfermedades vía aerosol, a pesar de que la evidencia desafía sus puntos de vista, dijo Julian Tang, virólogo clínico y profesor asociado honorario de la Departamento de Ciencias Respiratorias de la Universidad de Leicester de Inglaterra.

“Todos tenemos que adaptarnos y progresar a medida que se disponga de nuevos datos. Eso es especialmente cierto en la salud pública, donde las políticas oficiales y la orientación basadas en pensamientos y actitudes obsoletos y sin apoyo pueden costar vidas”, aseguró Tang.

Morawska aseveró que espera que la atención que ha atraído la pandemia hacia los cubrebocas y los riesgos asociados con inhalar el aliento de otra persona sean un catalizador para un aire interior más limpio.

Si no hacemos las cosas que estamos diciendo ahora, la próxima vez que venga una pandemia, especialmente una causada por un patógeno respiratorio, será lo mismo”, sentenció.